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Mostrando entradas de octubre, 2018

Halloween

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Rodin: Los burgueses de Calais (fragmento) PARADOJA DEL MIEDO NÚMERO 1 Todos los miedos, tienden, por su propia naturaleza o por una extraña y trágica ironía del destino, a hacerse realidad.  PARADOJA DEL MIEDO NÚMERO 2 La probabilidad de hacerse realidad de un miedo es directamente proporcional a su tamaño. F. de Goya: El sueño de la razón produce monstruos PARADOJA DEL MIEDO NÚMERO 3 Pensar en el miedo incrementa exponencialmente la probabilidad de hacerlo realidad. El pensamiento dirige las acciones y las acciones nos llevan al pensamiento. E. Munch: El grito PARADOJA DEL MIEDO NÚMERO 4 Escribir sobre el miedo disminuye el miedo pero no la probabilidad de que se realice.  E. Hoper: Habitación de hotel PARADOJA DEL MIEDO NÚMERO 5 Todos tenemos, hemos tenido o tendremos los mismos miedos, pero el rechazo de los demás es uno de nuestros mayores miedos, y por eso tendemos a ocultarlos. COROLARIO Todos los día...

La importancia del receptor

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Escher: Manos dibujando El ser humano es un organismo hecho para la comunicación. Percibe y procesa el mundo en las forma (o formas) más apropiada para hacerlo comunicable... a un receptor. Y en el mundo se incluye, naturalmente, a sí mismo como "yo_ser en el mundo". Por eso creo que todas estas acusaciones y lamentos con respecto a las redes sociales y al uso que hacemos de ellas no son más que pamplinas. Las redes sociales nos proporcionan lo más importante, aquello que nos convierte en humanos: un receptor. Una obra de arte o un paisaje bonito son más bonitos si sabes que vas a compartir esa sensación, Arreglar la casa para un invitado que te importa es más bonito que arreglarla para ti mismo. Seleccionar tu ropa interior sabiendo que va a ser vista tiene una emoción que no tiene vestirse para el trabajo. Vestirse para alguien que va a mirarte no es lo mismo que vestirse para que te vean. Incluso comprar ropa pensando en vestirla para alguien en concreto es más ...

Modernismo

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La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?  Los suspiros se escapan de su boca de fresa,  que ha perdido la risa, que ha perdido el color.  La princesa está pálida en su silla de oro,  está mudo el teclado de su clave sonoro,  y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.  Parlanchina, la dueña dice cosas banales,  y vestido de rojo piruetea el bufón.  La princesa no ríe, la princesa no siente;  la princesa persigue por el cielo de Oriente  la libélula vaga de una vaga ilusión.  ¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,  o en el que ha detenido su carroza argentina  para ver de sus ojos la dulzura de luz?  ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,  o en el que es soberano de los claros diamantes,  o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?  ¡Ay!, la pobre princesa de la bo...

El hilo invisible

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Ella nunca va a dejarle. Él nunca va a dejarla. Estarán juntos hasta que la muerte los separe. Se inventarán mil excusas externas para justificar su decisión. Los niños, los padres, la casa, la familia… Todo para no reconocer, ante el mundo pero sobre todo ante sí mismos, que no pueden renunciar a su relación. Que es precisamente ese punto sadomasoquista, casi autodestructivo, lo que les mantiene atados a una pareja aparentemente sin futuro. El cristianismo, el romanticismo y el psicoanálisis han hecho mucho daño. Han convertido en héroes a todo tipo de sufridoras y sufridores. Sufrir por dios, por la familia, por el amor, por la existencia o por vete-tú-a-saber-qué-trauma-del-pasado convierte a cualquiera en un personaje trágico, heroico, importante. Debe de ser adictiva esa sensación. Así que esas parejas, aparentemente desgraciadas, están unidas por un hilo invisible hasta que la muerte los separe. No pretendas entenderles. Se lamentarán, de forma agónica e incomprensible, du...

Y volver, volver...

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 Hace años, cuando vivía en Vigo, me fui en verano a Montpellier para hacer un curso y revitalizar mi francés. En la academia a la que iba me pidieron que les describiera mi ciudad, como parte del "test de placement". Yo ya estaba pensando en irme, así que mi redacción empezó con cierto tono crítico hacia la ciudad, que en el párrafo siguiente intenté compensar descubriendo, casi sin querer, el particular encanto de la ciudad. J’habite dans une ville qui n’est pas la mienne. Juste comme la plupart de ses habitants. Il s’agit d’une ville assez grande et assez industrielle pour une région, la Galice, plutôt rurale et pauvre, donc beaucop de gens des villages viennent ici pour étudier ou travailler. Le centre ville est sauvage et inconfortable, bien que les conditions naturelles soient presque parfaites : un climat privilégé, au bord de la mer, entourée de paysages impressionants et jolis villages.... Néanmoins, la ville s’est dévéloppée d’une façon trop rapide et p...