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Perfecto desconocido

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 No recuerdo su nombre. Ni su cara. Yo iba demasiado borracha y no coincidimos ni siquiera 24 horas.  Iba tan borracha que no recuerdo nada hasta que ya estábamos en la cama. En algún momento él dijo algo como "yo podría ser un alumno tuyo". No sé por qué, tal vez hablábamos precisamente de hasta qué punto iba inconsciente. El caso es que esa frase actuó como una ducha de agua fría. De repente no me apetecía enrollarme con él, y la borrachera dejó paso a la conciencia... ¡y al malestar estomacal!  El pobre desconocido aguantó el chaparrón mejor de lo que lo hubiera hecho un buen amigo. Aguantó las vomitonas y se quedó al lado de mi cama de 90 centímetros hasta que me dormí. No solo eso, al día siguiente se pasó por casa para comprobar que todo iba bien. Hablamos de poesía, me recomendó a Kavafis y descubrí que preparaba oposiciones a justicia, aunque había estudiado alguna otra carrera que no tenía nada que ver con eso.   Luego escribió un nombre y un número de ...

Ante todo, mucha calma

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Bernini: Apolo y Dafne Soneto XIII A Dafne ya los brazos le crecían, y en luengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que'l oro escurecían. De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros que aún bullendo estaban; los blancos pies en tierra se hincaban y en torcidas raíces se volvían. Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía este árbol, que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño! ¡Que con llorarla crezca cada día la causa y la razón porque lloraba!  Garcilaso de la Vega Me trajo a la cabeza este poema la lectura de un artículo sobre cómo evitar un conflicto es el camino más seguro para impedir que este se resuelva .  Y sí, es curiosa la tremenda cantidad de situaciones en las que nuestra actitud ante algo que nos incomoda o nos asusta resulta ser, paradógicamente, la causa de la situación que intentamos evitar.  El caso más evidente es el de las per...

No sin mis amigos

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A veces, especialmente cuando se van cumpliendo años, la alegría hay que pelearla . Incluso fingirla, porque las cosas pueden ir tanto de dentro afuera como de fuera adentro. Los viejos amigos, esos compañeros de batallas y de risas juveniles, son una buena ayuda. Siempre que consigas cambiar el centro de interés, apartar las conversaciones sobre hijos y padres y retomar las bromas en la cafetería, las confidencias personales, el asesoramiento sobre vestidos, bolsos y complementos. Volver a ser nosotras, las amigas, al margen de la familia, de la salud, del estrés, de la economía cotidiana y hasta de los líos sentimentales. Recordar que seguimos ahí, que nos tenemos unos a otros. Que puedes comprar tus muebles en Ikea porque habrá amigos que vengan a montarlos a cambio de una cerveza. Que hay un bar a veinte minutos de tu casa en el que podrás encontrarlos si te sientes sola. Que no nos emborracharemos en casa para ir a ligar a Churruca, pero sí para seguir dándonos compañía, ...