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Tres años

 Hace tres años papá se estaba muriendo. Bueno, en realidad llevaba muriendo ya bastantes años. Como mínimo, desde que nos fuimos de casa. Probablemente incluso desde antes. Fue perdiendo terreno y energía hasta que su mundo se hizo tan pequeño que prefirió dejarse morir. Mamá, en cambio, con su depresión eterna y sus quejas continuas, fue ganando terreno hasta quedarse con todo. Bueno, con todo no. No con nosotros. A nosotros nos perdieron los dos.  No, eso tampoco es exacto. Nos mantuvieron atados por ese sentimiento de obligación que nos inculcaron probablemente sin saberlo. Ese hacernos responsables de sus sentimientos, primero disfrazado de preocupación ("eso no, que tu madre se pone nerviosa", "es que yo me preocupo", "no me ayudais nada") y, una vez adultos, de supuesta complicidad, en el fondo autojustificativa.  Un sentimiento de obligación que, aunque desagradable (o quizás por desagradable, ya que eso moviliza la culpa), es más poderoso que el a...

Una señora feliz

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 Era una señora feliz. No tenía motivos para no serlo.  Tenía un trabajo cómodo, muchas aficiones y muchos amigos, y le importaba poco la opinión de la gente.  Esto último, naturalmente, no le gustaba a la gente. Y tampoco les hacía gracia que fuese feliz. Si fuese una niña, o una joven, se entendería, pero, a la edad de la señora feliz, esa despreocupación no les parecía natural. A munchos, incluso, les parecía irreverente.  Como no les gustaba la felicidad de la señora feliz, inventaban mil y una preocupaciones para ella: que si el gobierno, que si la ecología, que si la discriminación de las mujeres, que si la enfermedad de tal o cual vecino, que si la desgracia de tal o cual otra... Pero ella no se dejaba influir. Enfadarse o ponerse triste solo aumenta el número de enfadados y tristes en el mundo. La alegría es el mejor regalo, incluso para los enfadados y tristes. A la señora feliz le gustaban las flores del campo, y además le gustaban en el campo. No le gustab...

Naturaleza

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 La mañana me acoge como una esperanza blanca  Enzo D. Kabregu: Desnudo en la playa (1941) y azul;  me sostiene  mientras los dedos largos y poderosos del viento  acarician con suavidad mi cuerpo desnudo,  recorriéndolo en movimientos cambiantes,  sin rumbo fijo,  como asombrados de la textura y del calor  de ese cuerpo entregado al sol.  Las olas inundan el aire  con su susurro infinito,  rozando con su lengua blanca el labio de arena  como una promesa permanentemente irrealizada.  Y todo lo demás está tan lejos...

Ante todo, mucha calma

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Bernini: Apolo y Dafne Soneto XIII A Dafne ya los brazos le crecían, y en luengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que'l oro escurecían. De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros que aún bullendo estaban; los blancos pies en tierra se hincaban y en torcidas raíces se volvían. Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía este árbol, que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño! ¡Que con llorarla crezca cada día la causa y la razón porque lloraba!  Garcilaso de la Vega Me trajo a la cabeza este poema la lectura de un artículo sobre cómo evitar un conflicto es el camino más seguro para impedir que este se resuelva .  Y sí, es curiosa la tremenda cantidad de situaciones en las que nuestra actitud ante algo que nos incomoda o nos asusta resulta ser, paradógicamente, la causa de la situación que intentamos evitar.  El caso más evidente es el de las per...

Mi casa

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Hoy hace un mes que entré en mi casa por primera vez. Me refiero a la primera vez que entré como propietaria de pleno derecho, sin la mediación de un inmobiliario, un dueño o un ex-dueño. Era un piso vacío, oscuro, no muy limpio, con las huellas y el olor de los antiguos propietarios. No fue una entrada triunfal ni especialmente esperanzada, sino más bien reticente y temerosa. En realidad, no fue una entrada, fue una visita de inspección, porque no me instalaría propiamente hasta hace quince días. Así que hoy también hace quince días que me instalé en este piso en el que aun hoy hay poco más que mi par de cuadros, un montón de cajas, un par de mesas y sillas heredadas, un canapé con colchón y el sofá más incómodo del mundo. Casi la misma equipación que tengo hoy.  Al fin y al cabo solo han pasado quince días. Sólo quince días. . Dicen que el tiempo pasa despacio cuando se está mal. Pero también se alarga cuando está lleno de momentos. En estos quince días he llen...

Falsas apariencias

Aunque veas que yo me despisto con facilidad aunque me veas torpe y descuidada en realidad no me conoces Me conocerías si supieras que me gusta soñar despierta si comprendieras lo difícil que ha sido acompasar mi mundo al ritmo del mundo si descubrieras que a veces siento que no estoy en el lugar que me corresponde. Aunque veas que yo disfruto de las fiestas y las reuniones de las risas y los bailes y los tonteos aunque me veas sociable y divertida en realidad no me conoces. Me conocerías si supieras que llevo una vida huyendo de la tristeza y la nostalgia me conocerías si puideras ver aquellas letras negras y azules sobre un fondo rojo me conocerías si comprendieras que sigo buscando la generosidad incondicional de algún regazo.

La importancia del receptor

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Escher: Manos dibujando El ser humano es un organismo hecho para la comunicación. Percibe y procesa el mundo en las forma (o formas) más apropiada para hacerlo comunicable... a un receptor. Y en el mundo se incluye, naturalmente, a sí mismo como "yo_ser en el mundo". Por eso creo que todas estas acusaciones y lamentos con respecto a las redes sociales y al uso que hacemos de ellas no son más que pamplinas. Las redes sociales nos proporcionan lo más importante, aquello que nos convierte en humanos: un receptor. Una obra de arte o un paisaje bonito son más bonitos si sabes que vas a compartir esa sensación, Arreglar la casa para un invitado que te importa es más bonito que arreglarla para ti mismo. Seleccionar tu ropa interior sabiendo que va a ser vista tiene una emoción que no tiene vestirse para el trabajo. Vestirse para alguien que va a mirarte no es lo mismo que vestirse para que te vean. Incluso comprar ropa pensando en vestirla para alguien en concreto es más ...