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Mostrando entradas de abril, 2021

¿Por qué le llamas amor cuando quieres decir...?

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Hace unas semanas hablaba con C sobre la relación entre las preferencias sexuales y las actitudes vitales. A diferencia de lo que yo había creído (o querido creer) hasta el momento, para él la relación es obvia y lineal: el comportamiento sexual y el afectivo van de la mano. Uno y otro, y quizás a través del componente afectivo más que del sexual, están también influidos, como casi todo, por los roles de género históricos y culturales . Parece bastante evidente que hay un claro paralelismo entre la oposición dominante-activo / sumisa-pasiva y los conceptos masculino / femenino. Por mucha literatura que queramos ver en ello, esos roles no son ni el resultado ni la base de negociación ninguna, sino de una lucha de poder. Y en la lucha, a diferencia de la negociación, alguien tiene que perder. Al menos uno de dos. La persona sumisa, contra todo lo que pueda parecer y seguramente también contra lo que ella misma cree, no es un alma generosa y sacrificada que se entrega porque sí, sino una ...

Una señora feliz

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 Era una señora feliz. No tenía motivos para no serlo.  Tenía un trabajo cómodo, muchas aficiones y muchos amigos, y le importaba poco la opinión de la gente.  Esto último, naturalmente, no le gustaba a la gente. Y tampoco les hacía gracia que fuese feliz. Si fuese una niña, o una joven, se entendería, pero, a la edad de la señora feliz, esa despreocupación no les parecía natural. A munchos, incluso, les parecía irreverente.  Como no les gustaba la felicidad de la señora feliz, inventaban mil y una preocupaciones para ella: que si el gobierno, que si la ecología, que si la discriminación de las mujeres, que si la enfermedad de tal o cual vecino, que si la desgracia de tal o cual otra... Pero ella no se dejaba influir. Enfadarse o ponerse triste solo aumenta el número de enfadados y tristes en el mundo. La alegría es el mejor regalo, incluso para los enfadados y tristes. A la señora feliz le gustaban las flores del campo, y además le gustaban en el campo. No le gustab...

Yo también soy tú

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 Así pues, nosotros mismos generamos los mecanismos inconscientes que regulan nuestras relaciones; primero, seleccionando, entre la multitud de personas que se cruzan en nuestros caminos, aquellas que respondan a nuestras necesidades del momento; después, posicionándonos con respecto a ellas de manera que nuestra actitud provoque respuestas similares a lo que conocemos.  Orson Welles: The lady from Shanghai A veces, a lo que conocemos por haberlo sentido con otras personas con anterioridad. Pero otras veces, nuestro posicionamiento nos lleva a ocupar el lugar de personas que, inconscientemente, nos han herido a nosotros. Sentir lo que ellos sintieron, o no sentir lo que ellos no sintieron, nos permite entenderlos y explicarnos a nosotros mismos qué es lo que pasó. O al contrario, encontramos personas que, ante una situación similar, adoptan posicionamientos diferentes a aquellos que nos han dañado. Y eso, también, nos permite comprender la realidad y superarla. En cualquier ...

Bolaño o las leyes de la atracción

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Si la mente es adaptativa, la atracción, como todos los procesos mentales, tiene que estar regida por un principio de coste-beneficio. Sin embargo, parece evidente que tanto la atracción como la falta de la misma funcionan a menudo de un modo aparentemente irracional y falto de lógica, y que provoca efectos más negativos que positivos en un porcentaje muy alto de casos. Habría que pensar que los costes y beneficios de este tipo de sentimientos son inconscientes, asociados a creencias asimiladas de modo irreflexivo y automático sin pasar el tamiz del razonamiento lógico o causal. ¿Cómo se explica, por ejemplo, que no nos sintamos atraídos por alguien que parece buena persona, disponible, que muestra interés y con el que compartimos suficientes aficiones o puntos de vista? Los beneficios son evidentes, así que tiene que haber un coste que se nos escapa. Tal vez, unas actitudes físicas (gestos, posturas, formas de relacionarse, miradas, expresiones...) que denotan un estilo relacional poc...

Expectativas, renuncias, esperanzas

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El ser humano es esencialmente dependiente. Todos nuestros anhelos individuales (amor, amistad, salud, reconocimiento, realización personal...) están vinculados, en mayor o menor medida, a algún tipo de relación interpersonal, bien con la sociedad bien con personas concretas. La independencia tiene que reducirse necesariamente a la capacidad para gestionar las relaciones equilibrando las necesidades de unos y otros.  En el plano de la amistad el tema es relativamente fácil. Llegada una edad, todos sabemos a quién llamar para ir a pasear, para viajar, para acudir a una manifestación o para salir de tapeo... No tienen por qué ser las mismas personas para todo y no vamos a esperar, en general, nada que no estén dispuestos a darnos de forma más o menos voluntaria, porque hemos conectado con ellos precisamente por ese aspecto en común. Pero hay otro tipo de relaciones en las que una determinada necesidad personal se asocia a una o unas personas en concreto, y no puede ser satisfecha por...