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Hombres, mujeres, y viceversa

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La vida, o cuando menos nuestra vida de clase-media-del-primer-mundo, es una comedia, y por eso la comedia es el espejo que nos devuelve la imagen más ajustada de nosotr@s mism@s.  . Si hace un par de meses me fascinó El apartamento , con su mirada poliédrica, a la vez escéptica y amable, sobre los personajes, anoche Con faldas y a lo loco acabó de convertir a Billy Wilder en mi psicólogo de referencia del 2020.  . Despojada del amargor que las relaciones de clase proyectaban sobre la primera, la segunda supone una esperanzada invitación a repensar con benevolencia y humor nuestras identidades de género y las relaciones entre los sexos. . El conocido final, "nadie es perfecto", podría resumir perfectamente el sentir de las dos películas. Nadie es perfecto, pero nos queremos igual, o quizás justamente por eso. Convirtiendo nuestros defectos en nuestro principal atractivo, o tal vez utilizando nuestras relaciones sentimentales para, justamente, superarlos. . Así...

Héroes

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"Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato. Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento"  Pero el héroe medieval reflejado en la cámara de Tarantino da como resultado a Django desencadenado. Un héroe al estilo clásico, de los que se codeaban con los dioses y los superaban en fortaleza, constancia, mesura y afán justiciero.  En eso se va convirtiendo Diango ante nuestros ojos, liberado y empujado por un cazarrecompensas de aires quijotescos (inevitable el recuerdo de la escena de los galeotes al comienzo de la película), pero que, a diferencia del personaje cervantino, sí consigue hacer triunfar la justicia (el materialismo siempre empuja hacia la eficacia). Consigue así darle la vuelta a una decadencia del héroe que posiblemente haya comenzado en la Edad Media; por lo que he leído, el Sigfrido original, como la Brunilda original, no eran precisamente como nos las cuentan en la peli . Django, sin embargo, va ganando en ...

Puro teatro

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Adiós, Arturo transmite un mensaje tan obvio, evidente y facilón que puede parecer simple. Pero no deja de ser una gran verdad. Seguramente, la única verdad. El momento es ahora, y la vida no es nada más que una suma de momentos que fueron y son ahora. Hoy es siempre todavía. Los noventa, los carnavales de antaño, el regazo de la abuela, el año pasado, solo existen si tu voluntad los convierte en ahora. Mañana, algún día, cuando tenga tiempo, son entelequias hasta que no se conviertan en ahora. Esto es lo que tenemos, old chum, What good is sitting alone in your room? Start by admitting from cradle to tomb it isn't that long a stay... .

El hilo invisible

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Ella nunca va a dejarle. Él nunca va a dejarla. Estarán juntos hasta que la muerte los separe. Se inventarán mil excusas externas para justificar su decisión. Los niños, los padres, la casa, la familia… Todo para no reconocer, ante el mundo pero sobre todo ante sí mismos, que no pueden renunciar a su relación. Que es precisamente ese punto sadomasoquista, casi autodestructivo, lo que les mantiene atados a una pareja aparentemente sin futuro. El cristianismo, el romanticismo y el psicoanálisis han hecho mucho daño. Han convertido en héroes a todo tipo de sufridoras y sufridores. Sufrir por dios, por la familia, por el amor, por la existencia o por vete-tú-a-saber-qué-trauma-del-pasado convierte a cualquiera en un personaje trágico, heroico, importante. Debe de ser adictiva esa sensación. Así que esas parejas, aparentemente desgraciadas, están unidas por un hilo invisible hasta que la muerte los separe. No pretendas entenderles. Se lamentarán, de forma agónica e incomprensible, du...

El padrino

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Aun no acabo de descubrir bien las razones de la fascinación que esta película, que hoy cumple 40 años, ejerce desde siempre sobre mí. Supongo que en un país con una herencia católica tan fuerte como el mío todas las familias son un poco Corleone y todas las relaciones sociales se establecen en torno a un clientelismo en cierta medida mafioso, aun cuando la violencia no resulte tan explícita. Grupos, en cualquier caso, cerrados y excluyentes, basados en la herencia y los intereses personales (o heredados) más que en la justicia o la generosidad. Grupos que atrapan y anulan al individuo hasta engullirlo para perpetuar un sistema que se adapta pero se resiste a desaparecer. Todo porque, en algún punto de la historia, Michael renunció a sus sueños.

El poder, esa dulce tentación

La ola (Dennis Gansel, 2008) es una interesante e inquietante película sobre disciplina, autoridad, liderazgo, poder y relación entre educación y política (como mínimo). Una visión lúcida sobre el fascismo que nos descubre esa cara de la que no se suele hablar: y es que todos, mandatarios o mandados, llevamos un fascista dentro. En los últimos años, cada vez más individuos, casi sectores enteros, reclaman la necesidad de más disciplina en las aulas, la “recuperación” de la autoridad del profesor. Algunos pretenden incluso darle un estatus legal, similar ¡al de la policía! Está claro que una cierta autoridad nos resulta a casi todos más fácil, más cómoda, más segura y, a corto plazo, más eficaz, pero… ¿es realmente la mejor opción? En contra de lo que podría parecer, a la mayoría de los alumnos les gusta, incluso reclaman, la figura de un profesor fuerte, “que se haga respetar”, “que imponga”, “que mantenga el orden”… No a base de gritos o insultos, claro, eso en el fondo es u...