Hombres, mujeres, y viceversa

La vida, o cuando menos nuestra vida de clase-media-del-primer-mundo, es una comedia, y por eso la comedia es el espejo que nos devuelve la imagen más ajustada de nosotr@s mism@s.
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Si hace un par de meses me fascinó El apartamento, con su mirada poliédrica, a la vez escéptica y amable, sobre los personajes, anoche Con faldas y a lo loco acabó de convertir a Billy Wilder en mi psicólogo de referencia del 2020.
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Despojada del amargor que las relaciones de clase proyectaban sobre la primera, la segunda supone una esperanzada invitación a repensar con benevolencia y humor nuestras identidades de género y las relaciones entre los sexos.
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El conocido final, "nadie es perfecto", podría resumir perfectamente el sentir de las dos películas. Nadie es perfecto, pero nos queremos igual, o quizás justamente por eso. Convirtiendo nuestros defectos en nuestro principal atractivo, o tal vez utilizando nuestras relaciones sentimentales para, justamente, superarlos.
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Así veremos a Joe, prototipo de la masculidad donjuanesca, irresponsable y mujeriego, convertido por las circunstancias, primero, en mujer, y después, en millonario impotente. Dos personajes que se oponen, respectivamente, a su masculinidad y a su promiscuidad, y que tal vez por eso le permiten una mirada nueva sobre Sugar: una mirada que no es ya la del macho cazador, sino la del hombre enamorado. Y con la que, paradójicamente, la conquistará o la "reconquistará".
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FRAGMENTO: I'm through with love
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Jerry, por el contrario, el apocado, formal y moralmente irreprochable contrabajo, va descubriendo bajo la apariencia de Dafne la alegría, la picardía y una moral relajada que le lleva a aceptar un matrimonio engañoso (¿o no?) e interesado (¿o no?) con un millonario simpático. Seamos sinceros, todos deseamos que tras la palabra "fin", Jerry se enfunde nuevamente su peluca y se convierta en Dafne para siempre, y viva feliz y coma mucha perdiz con el entregado Osgood.
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FRAGMENTO: Tango fun
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¿Y Sugar? Su feminidad inicial, aparentemente superficial e interesada, se nos revela pronto como una consecuencia de la masculinidad irrespetuosa y engañadora que el primer Joe compartía (simbólicamente representada por todos los "saxofonistas").
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Pero ese mismo interés escéptico por los hombres la lleva a convertirse en una suerte de "redentora" que, al transformar al hombre, se transforma a sí misma, y llega a no importarle el engaño que acaba de descubrir. Al fin y al cabo, fue un engaño auspiciado por ella misma y la manifestación ante Josephine de sus intenciones de casarse con "un millonario".
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Así pues, podríamos decir que el equilibrio entre los géneros podría restablecerse con una superación del ideal tradicional de macho conquistador que, en lugar de conquistar, aleja emocionalmente a la mujer y la convierte en una escéptica vividora o en una esposa interesada. Una superación que viene por la empatía, por el "ponerse en el lugar de las otras" (in her shoes) con el que Joe y Jerry, en realidad, se descubren a sí mismos. Y los zapatos de mujer son, indudablemente, duros de llevar
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