¿Por qué le llamas amor cuando quieres decir...?
Hace unas semanas hablaba con C sobre la relación entre las preferencias sexuales y las actitudes vitales. A diferencia de lo que yo había creído (o querido creer) hasta el momento, para él la relación es obvia y lineal: el comportamiento sexual y el afectivo van de la mano.
Uno y otro, y quizás a través del componente afectivo más que del sexual, están también influidos, como casi todo, por los roles de género históricos y culturales. Parece bastante evidente que hay un claro paralelismo entre la oposición dominante-activo / sumisa-pasiva y los conceptos masculino / femenino. Por mucha literatura que queramos ver en ello, esos roles no son ni el resultado ni la base de negociación ninguna, sino de una lucha de poder. Y en la lucha, a diferencia de la negociación, alguien tiene que perder. Al menos uno de dos.
La persona sumisa, contra todo lo que pueda parecer y seguramente también contra lo que ella misma cree, no es un alma generosa y sacrificada que se entrega porque sí, sino una guerrera pasivo-agresiva en lid para conseguir su cuota de poder, en forma de atención, protección y cuidado. Hay algo tentador en esta tradición de lo femenino, algo tan poderoso que lo ha hecho pervivir contra todo pronóstico incluso entre los sectores más progresistas.
A menudo, esa estrategia de lucha convierte a la parte sumisa-pasiva-femenina en ganadora de la lucha, para desgracia del resto de miembros de ese grupo, que puede llegar a asimilar, de manera consciente o inconsciente, que esa es un procedimiento rentable, aunque tenga que disfrazarlo de cualquier tipo de sublimación sexual, literaria o puramente romántica. A veces, incluso, esa ganancia tiene un punto perverso, casi sádico.
Otras veces, esa estrategia fracasa. Pero no es una derrota, en realidad, porque esa no era la lucha correcta. Porque la lucha no es nunca correcta. Lo correcto es la negociación. Tal vez la negociación sexual ayude a alguna gente, pero encontes, ¿no sería también más útil buscar formas sexuales más amables, sanas e igualitarias para ese entreno de actitudes que puedan contagiarse a la vida afectiva?
El sexo en pareja, como el lenguaje, es comunicación. Forma que crea contenido. Cuidemos la forma y el contenido vendrá solo.
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