Mi casa
Hoy hace un mes que entré en mi casa por primera vez. Me refiero a la primera vez que entré como propietaria de pleno derecho, sin la mediación de un inmobiliario, un dueño o un ex-dueño.Era un piso vacío, oscuro, no muy limpio, con las huellas y el olor de los antiguos propietarios. No fue una entrada triunfal ni especialmente esperanzada, sino más bien reticente y temerosa. En realidad, no fue una entrada, fue una visita de inspección, porque no me instalaría propiamente hasta hace quince días.
Así que hoy también hace quince días que me instalé en este piso en el que aun hoy hay poco más que mi par de cuadros, un montón de cajas, un par de mesas y sillas heredadas, un canapé con colchón y el sofá más incómodo del mundo. Casi la misma equipación que tengo hoy.

Al fin y al cabo solo han pasado quince días.
Sólo quince días.
.Dicen que el tiempo pasa despacio cuando se está mal. Pero también se alarga cuando está lleno de momentos. En estos quince días he llenado la casa de objetos (menos de los que me gustaría), pero sobre todo de momentos y de sensaciones. De sorpresas y descubrimientos. Incluso he pasado ya por mis primeras fiebres en propiedad propia.

Ninguno de mis pisos estuvo antes tan lleno de recuerdos en solo 15 días.
¿Marcarán ellos su identidad? ¿Podrá adaptarse a los cambios o tendré que cambiarme yo más rápido de lo previsto? ¿Cambiará, tal vez, solo con la llegada de los muebles?
Ay, el futuro es una pregunta cuya respuesta...

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