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Elogio de lo superficial

Hay personas que te aprecian por lo que eres y personas que te aprecian por lo que quieren que seas. No sé muy bien cómo, pero se nota. Y no tiene nada que ver con la intensidad del sentimiento. Es más, cuando las relaciones son más “profundas” o “intensas” es más fácil caer en exigencias, obligaciones y suspicacias. Aunque a veces, seguramente, nos sintamos más obligados de lo que en realidad los demás consideran. Es igual. A mí, que no soy una persona de sentimientos intensos, me gustan las relaciones “light” (traducido como “luz” y “ligero”),  basadas en la alegría y la generosidad. Esas personas que saben tener el gesto exacto, la palabra precisa, la sonrisa sincera o el detalle amable que te hacen sentir comprendida y apreciada a pesar de. Aunque a veces no hayas hecho nada por merecerlo.  Sin complicaciones ni profundidades.

Acordes y desacuerdos

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Arriba y abajo naturaleza y asfalto bohemia y vulgaridad Broadway y Bryant Park clásico y moderno formal e informal cultura y culturilla elegante y cutre iglesias y sinagogas Manhattan y Brooklyn prohibido y prohibitivo soledad y compañía velocidad y quietud Ocio y negocio

Black men

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En Nueva York, cuando te piden un cigarrillo y se lo das, te dan un dólar. Un negro borracho me pidió un cigarro y sacó, tembloroso, su dólar. No se lo cogí. En España, le dije, no cobramos los cigarrillos. Mis cigarrillos son españoles, muy baratos, no valen un dólar. Me miró como si viera a un marciano y me dijo que debía ser una buena mujer pero que... luego dijo algo sobre los negros que no entendí. Me volvió a mirar, esta vez con fastidio, y lo tradujo a mi “inglés correcto”: Everybody hates black men . No, le dije, yo no. Everybody , repitió. Los españoles también echaron a los árabes, siglos atrás. En alguna parte, dije, tal vez todo el mundo odie a los blancos. Me miró con aire escéptico. Where? No sé, en alguna parte. Nueva York es un pequeño mundo. No sería extraño que al negro borracho le cueste creer que exista otro.

Signos

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Joseph Kosuth: Tres sillas (MOMA) Frida Kahlo y yo

El poder, esa dulce tentación

La ola (Dennis Gansel, 2008) es una interesante e inquietante película sobre disciplina, autoridad, liderazgo, poder y relación entre educación y política (como mínimo). Una visión lúcida sobre el fascismo que nos descubre esa cara de la que no se suele hablar: y es que todos, mandatarios o mandados, llevamos un fascista dentro. En los últimos años, cada vez más individuos, casi sectores enteros, reclaman la necesidad de más disciplina en las aulas, la “recuperación” de la autoridad del profesor. Algunos pretenden incluso darle un estatus legal, similar ¡al de la policía! Está claro que una cierta autoridad nos resulta a casi todos más fácil, más cómoda, más segura y, a corto plazo, más eficaz, pero… ¿es realmente la mejor opción? En contra de lo que podría parecer, a la mayoría de los alumnos les gusta, incluso reclaman, la figura de un profesor fuerte, “que se haga respetar”, “que imponga”, “que mantenga el orden”… No a base de gritos o insultos, claro, eso en el fondo es u...

La vida es sueño

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¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! ... Que mi palabra sea la cosa misma creada por mi alma nuevamente. Que por mí vayan todos los que no las conocen, a las cosas; que por mí vayan todos los que ya las olvidan, a las cosas... ¡Intelijencia, dame el nombre exacto, y tuyo y suyo , y mío, de las cosas ! . (Juan Ramón Jiménez) Un mundo crece a mi alrededor. ¿Le doy yo forma, o son sus contornos predeterminados los que guían mi mano? (Jon Osterman) ¿El pájaro? ¿Los pájaros? ¿Hay sólo un solo pájaro en el mundo que vuela con mil alas, y que canta con incontables trinos, siempre solo? ¿Son tierra y cielo espejos? ¿Es el aire espejeo del aire, y el gran pájaro único multiplica su soledad en apariencias miles? (¿Y por eso le llamamos los pájaros?) ¿O quizá no hay un pájaro? ¿Y son ellos, fatal plural inmenso, como el mar, bandada innúmera, oleaje de alas, donde la vista busca y quiere el alma distinguir la verdad del solo pájaro, de su esencia sin fin, del uno hermoso? (Pedro S...

Otra crisis

Estoy leyendo Fin , de David Monteagudo (ed. Acantilado). En este libro, un grupo de ex–amigos se reúne en un refugio de montaña, recuperando una promesa que hicieran veinticinco años atrás. Sobre casi todos, como una losa, el peso del fracaso y de la culpa. En la realidad, la generación de nuestros padres vivió el fracaso de sus ideales. Nosotros no tuvimos ideales. Gastamos nuestra juventud entre diversiones intrascendentes y el esfuerzo por conseguir un trabajo que financiara nuestro coche, nuestro piso, nuestros caprichos y diversiones y, en el mejor de los casos, una pareja o una familia. Convertimos lo cotidiano y lo individual en nuestro máximo objetivo. Renunciamos a creencias, compromisos y excentricidades. Tal vez, algunos lograron conformarse. Pero a la altura de los cuarenta, algunos empezamos a sentir… el vacío. Desperdiciamos más tiempo del necesario en unos trabajos que no sirven más que para financiar nuestras necesidades y nuestras posesiones. Acostumbrados a vi...