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Igualdad en la paz, o los dudosos logros del feminismo.

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Hace unos siete u ocho años puse en un examen ese texto de La Colmena en que doña Rosa, la dueña del café, ordena de malos modos al camarero que eche al escritor que no paga. Analizando la caracterización de los personajes, un alumno escribió "Doña Rosa es una persona muy valiente, porque le grita al camarero siendo ella una mujer y él un hombre". Hoy he corregido exámenes sobre el romance La doncella guerrera , en el que una muchacha se disfraza de varón para ir a la guerra. Una alumna escribe lo siguiente: "Es literario porque nadie se va a disfrazar de hombre para ir a la guerra, sino que vas como una mujer y ya está." No sé qué respuesta me deprime más.

Pura diversión

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Es curioso, yo la recordaba con admiración y ternura, como una niña alegre, independiente, valiente y muy imaginativa. Tal vez la niña que  a mí me hubiera gustado ser. Y sin embargo, la gente recuerda mejor otras cosas, o inventa sus propios recuerdos. Quién sabe, tal vez también lo haga yo, y sean ellos los que estaban en lo cierto. El primer comentario que despertó mi disfraz fue este (un amigo, hacia las siete de la tarde):           --  Hombre, vas de Pipi. ¿Y eres tan fuerte como ella? ¿Tanto como para levantar un caballo? (es cierto, ella tenía la fuerza del hombre más fuerte y  levantaba a Pequeño Tío, pero yo de esto casi ni me acordaba. Desde luego nunca sería mi primer recuerdo. Tal vez si yo fuese hombre también le daría importancia a este detalle). El último, este (un desconocido, ya de madrugada, con cierto retintín): -         --...

Elogio de lo superficial

Hay personas que te aprecian por lo que eres y personas que te aprecian por lo que quieren que seas. No sé muy bien cómo, pero se nota. Y no tiene nada que ver con la intensidad del sentimiento. Es más, cuando las relaciones son más “profundas” o “intensas” es más fácil caer en exigencias, obligaciones y suspicacias. Aunque a veces, seguramente, nos sintamos más obligados de lo que en realidad los demás consideran. Es igual. A mí, que no soy una persona de sentimientos intensos, me gustan las relaciones “light” (traducido como “luz” y “ligero”),  basadas en la alegría y la generosidad. Esas personas que saben tener el gesto exacto, la palabra precisa, la sonrisa sincera o el detalle amable que te hacen sentir comprendida y apreciada a pesar de. Aunque a veces no hayas hecho nada por merecerlo.  Sin complicaciones ni profundidades.

Acordes y desacuerdos

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Arriba y abajo naturaleza y asfalto bohemia y vulgaridad Broadway y Bryant Park clásico y moderno formal e informal cultura y culturilla elegante y cutre iglesias y sinagogas Manhattan y Brooklyn prohibido y prohibitivo soledad y compañía velocidad y quietud Ocio y negocio

Black men

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En Nueva York, cuando te piden un cigarrillo y se lo das, te dan un dólar. Un negro borracho me pidió un cigarro y sacó, tembloroso, su dólar. No se lo cogí. En España, le dije, no cobramos los cigarrillos. Mis cigarrillos son españoles, muy baratos, no valen un dólar. Me miró como si viera a un marciano y me dijo que debía ser una buena mujer pero que... luego dijo algo sobre los negros que no entendí. Me volvió a mirar, esta vez con fastidio, y lo tradujo a mi “inglés correcto”: Everybody hates black men . No, le dije, yo no. Everybody , repitió. Los españoles también echaron a los árabes, siglos atrás. En alguna parte, dije, tal vez todo el mundo odie a los blancos. Me miró con aire escéptico. Where? No sé, en alguna parte. Nueva York es un pequeño mundo. No sería extraño que al negro borracho le cueste creer que exista otro.

Signos

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Joseph Kosuth: Tres sillas (MOMA) Frida Kahlo y yo

El poder, esa dulce tentación

La ola (Dennis Gansel, 2008) es una interesante e inquietante película sobre disciplina, autoridad, liderazgo, poder y relación entre educación y política (como mínimo). Una visión lúcida sobre el fascismo que nos descubre esa cara de la que no se suele hablar: y es que todos, mandatarios o mandados, llevamos un fascista dentro. En los últimos años, cada vez más individuos, casi sectores enteros, reclaman la necesidad de más disciplina en las aulas, la “recuperación” de la autoridad del profesor. Algunos pretenden incluso darle un estatus legal, similar ¡al de la policía! Está claro que una cierta autoridad nos resulta a casi todos más fácil, más cómoda, más segura y, a corto plazo, más eficaz, pero… ¿es realmente la mejor opción? En contra de lo que podría parecer, a la mayoría de los alumnos les gusta, incluso reclaman, la figura de un profesor fuerte, “que se haga respetar”, “que imponga”, “que mantenga el orden”… No a base de gritos o insultos, claro, eso en el fondo es u...