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Las aladas almas de las rosas

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Carmen no llegó a cumplir 20 años, y yo ya he cumplido los 40, ¡qué cosas! La recuerdo menuda, dulce, alegre y responsable. Yo era su amiga en los tiempos de las amigas del alma, cuando se cambian los juegos por conversaciones eternas en las que descubrimos, sorprendidos, cuánto podemos llegar a tener en común con los demás. Como sólo le llevaba tres días, elucubrábamos con la posibilidad de que el horóscopo tuviera algo que ver con nuestras similitudes. Al fin y al cabo, la época de los cuentos de hadas no nos quedaba aún tan lejos. Ella había nacido el mismo día que mi madrina, esa que también murió prematuramente una primavera, cuando yo tenía tres meses. Y, como para darle la razón a los horóscopos, tuvo una ahijada con un nombre como el mío. Una niña que hoy será ya jovencita, y que tendrá esa imagen mítica de su madrina construida más con los silencios que con las palabras, más con el cariño que con los recuerdos, porque hay temas demasiado dolorosos para hablar de ellos aunque e...

Igualdad en la paz, o los dudosos logros del feminismo.

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Hace unos siete u ocho años puse en un examen ese texto de La Colmena en que doña Rosa, la dueña del café, ordena de malos modos al camarero que eche al escritor que no paga. Analizando la caracterización de los personajes, un alumno escribió "Doña Rosa es una persona muy valiente, porque le grita al camarero siendo ella una mujer y él un hombre". Hoy he corregido exámenes sobre el romance La doncella guerrera , en el que una muchacha se disfraza de varón para ir a la guerra. Una alumna escribe lo siguiente: "Es literario porque nadie se va a disfrazar de hombre para ir a la guerra, sino que vas como una mujer y ya está." No sé qué respuesta me deprime más.

Pura diversión

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Es curioso, yo la recordaba con admiración y ternura, como una niña alegre, independiente, valiente y muy imaginativa. Tal vez la niña que  a mí me hubiera gustado ser. Y sin embargo, la gente recuerda mejor otras cosas, o inventa sus propios recuerdos. Quién sabe, tal vez también lo haga yo, y sean ellos los que estaban en lo cierto. El primer comentario que despertó mi disfraz fue este (un amigo, hacia las siete de la tarde):           --  Hombre, vas de Pipi. ¿Y eres tan fuerte como ella? ¿Tanto como para levantar un caballo? (es cierto, ella tenía la fuerza del hombre más fuerte y  levantaba a Pequeño Tío, pero yo de esto casi ni me acordaba. Desde luego nunca sería mi primer recuerdo. Tal vez si yo fuese hombre también le daría importancia a este detalle). El último, este (un desconocido, ya de madrugada, con cierto retintín): -         --...

Elogio de lo superficial

Hay personas que te aprecian por lo que eres y personas que te aprecian por lo que quieren que seas. No sé muy bien cómo, pero se nota. Y no tiene nada que ver con la intensidad del sentimiento. Es más, cuando las relaciones son más “profundas” o “intensas” es más fácil caer en exigencias, obligaciones y suspicacias. Aunque a veces, seguramente, nos sintamos más obligados de lo que en realidad los demás consideran. Es igual. A mí, que no soy una persona de sentimientos intensos, me gustan las relaciones “light” (traducido como “luz” y “ligero”),  basadas en la alegría y la generosidad. Esas personas que saben tener el gesto exacto, la palabra precisa, la sonrisa sincera o el detalle amable que te hacen sentir comprendida y apreciada a pesar de. Aunque a veces no hayas hecho nada por merecerlo.  Sin complicaciones ni profundidades.

Acordes y desacuerdos

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Arriba y abajo naturaleza y asfalto bohemia y vulgaridad Broadway y Bryant Park clásico y moderno formal e informal cultura y culturilla elegante y cutre iglesias y sinagogas Manhattan y Brooklyn prohibido y prohibitivo soledad y compañía velocidad y quietud Ocio y negocio

Black men

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En Nueva York, cuando te piden un cigarrillo y se lo das, te dan un dólar. Un negro borracho me pidió un cigarro y sacó, tembloroso, su dólar. No se lo cogí. En España, le dije, no cobramos los cigarrillos. Mis cigarrillos son españoles, muy baratos, no valen un dólar. Me miró como si viera a un marciano y me dijo que debía ser una buena mujer pero que... luego dijo algo sobre los negros que no entendí. Me volvió a mirar, esta vez con fastidio, y lo tradujo a mi “inglés correcto”: Everybody hates black men . No, le dije, yo no. Everybody , repitió. Los españoles también echaron a los árabes, siglos atrás. En alguna parte, dije, tal vez todo el mundo odie a los blancos. Me miró con aire escéptico. Where? No sé, en alguna parte. Nueva York es un pequeño mundo. No sería extraño que al negro borracho le cueste creer que exista otro.

Signos

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Joseph Kosuth: Tres sillas (MOMA) Frida Kahlo y yo