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Perdedores

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El 26 de abril de 1994, hace hoy 25 años, comenzaban las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica. Siempre a la sombra del gran héroe de la jornada, Frederick de Klerk entregaba la presidencia no ya a un hombre, sino a toda una raza. Aunque ya habían pactado cierto reparto de poder, hay algo grande y hermoso en ese perder unas elecciones no por hacerlo mal, sino justamente por hacerlo bien. Por seguir un camino que aparentemente le perjudicaba, a nivel individual, para dejar que triunfara la justicia y la razón.

Realidad y certeza

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No sé si a alguien se le habrá ocurrido analizar el Quijote en cuanto a las relaciones entre discurso (percepción mediada de la realidad) y experiencia (percepción directa de la realidad). Cuando el ilustre caballero se crea a sí mismo al comienzo del libro, su realidad es resultado de un solo discurso, el discurso literario de los libros de caballería, pero tiene una seguridad absoluta en el mundo que habita ("Yo sé quién soy", "así es la verdad"). Una verdad feliz y esperanzada, que promueve la acción, la lucha y la sorpresa, y que se impone contra viento y marea a la experiencia y al discurso de los otros personajes. Según avanza la obra, la certeza (y la lucha consecuente) va perdiendo enteros. No por obra del discurso de los otros, que se va volviendo progresivamente mentiroso y literario, sino en virtud de la experiencia misma. El caballero pasa gran parte de la segunda mitad de la obra en un desasosegante no-saber, desorientado entre su propia experiencia...

Cosas que echaría de menos

Un viaje en tren. Un viaje cualquiera. Una cena apacible y deliciosa. Un desayuno compartido. Un paseo por el borde del mar. Una mirada cómplice ante una obra de arte. Escrutar un mercadillo. Un concierto inesperado. Ver una película juntos. Una noche en vela. Un beso en la frente. Coger una mano en el hospital. Un abrazo en un funeral. Un concierto. Una llamada. La conciencia limpia. Hablar con franqueza. Siempre.

Incertidumbre

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Hoy es el primer día del resto de mi vida. Ha sido un día raro. Normalmente, llegada una cierta edad, hay una inercia que tiende a mantener las cosas como estaban, y solo hechos fortuitos o acciones conscientes pueden introducir cambios. Pero hoy, el no hacer es el que provoca cambios de orientación. Hacer mantiene el estado. Y he elegido no hacer y cambiar el futuro. Es extraño y, en cierta medida, inquietante. Dejar lo conocido incómodo por lo desconocido que puede ser mejor pero también puede ser peor. Esta es la diferencia, el "peor" con el que no solía contar en la primera mitad de mi vida. La nostalgia de lo que no quiero y la incertidumbre inquietante de un porvenir que no me ilusiona. El desencanto.
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Tecín soia a miña tea, sembréi soia o meu nabal, soia vou por leña ó monte, soia a vexo arder no lar. Nin na fonte nin no prado, así morra coa carrax, él non ha de virme a erguer, él xa non me pousará. ¡Qué tristeza! O vento soa, canta o grilo ó seu compás...; ferve o pote..., mais, meu caldo, soíña te hei de cear. Cala, rula; os teus arrulos ganas de morrer me dan; cala, grilo, que si cantas, sinto negras soidás. O meu homiño perdéuse, ninguén sabe en ónde vai... Anduriña que pasache con él as ondas do mar; anduriña, voa, voa, ven e dime en ónde está.                     Rosalía de Castro
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Carpe diem / Carpe cras

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Hay algo profundamente triste en el vitalismo aparentemente gozoso de esa famosa máxima que reza "Carpe diem". Una conciencia de inestabilidad que augura, tal vez conjura, un futuro aciago. Nunca más, dice la profecía, podrás gozar de esto que tienes ahora. Este es el punto álgido, lo máximo que la vida puede ofrecerte. Y lo hará durante un instante, que desaparecerá como el humo, el polvo o las lágrimas en la lluvia. No puede haber nada más. S. Dalí: La persistencia de la memoria ¿Es posible disfrutar un presente que se nos ofrece con fecha de caducidad? ¿Obviar el final doloroso que nos dejará a solas con la nostalgia de esto que tenemos ahora, solo por un instante? ¿Enfrentarse a esa tendencia humana que nos proyecta hacia el futuro y vencerla? Tal vez. Pero también hay algo trágico en ese intento desesperado de atrapar los supuestos frutos de un presente huidizo. Degas: L'absinthe Y también es bonito sucumbir a la esperanza y a la ilusión. Imaginar ...