Mis queridos desconocidos
Últimamente me ha dado por hacer amigos por internet. Amigos a los que no he visto nunca he persona, a los que no creo que vaya a llegar a ver nunca, pero con los que hablo con cierta regularidad y he llegado a un nivel de intimidad sorprendentemente reconfortante. No conozco cosas tan importantes como sus voces, el deje de sus acentos, la brusquedad o suavidad de sus gestos o la dirección de sus miradas. Curiosamente, diría que ese desconocimiento favorece la amistad, porque desdibuja cualquier posible atracción física. A veces, el cuerpo es un estorbo. Con algunos tengo una amistad cómoda, de esas de tirarnos semanas sin hablar y reencontrarnos jubilosamente como los amigos que vuelven al pueblo por navidad. Me gusta saber de su vida y contarle de la mía, intercambiar una charla distendida y volver a nuestras vidas y a nuestras otras historias. Con otros todavía no es tan cómoda, aunque con el tiempo (seguramente poco tiempo) creo que lo será. Cuando se aleje definitivamente el ...