Mis queridos desconocidos

Últimamente me ha dado por hacer amigos por internet.
Amigos a los que no he visto nunca he persona, a los que no creo que vaya a llegar a ver nunca, pero con los que hablo con cierta regularidad y he llegado a un nivel de intimidad sorprendentemente reconfortante. No conozco cosas tan importantes como sus voces, el deje de sus acentos, la brusquedad o suavidad de sus gestos o la dirección de sus miradas. Curiosamente, diría que ese desconocimiento favorece la amistad, porque desdibuja cualquier posible atracción física. A veces, el cuerpo es un estorbo.
Con algunos tengo una amistad cómoda, de esas de tirarnos semanas sin hablar y reencontrarnos jubilosamente como los amigos que vuelven al pueblo por navidad. Me gusta saber de su vida y contarle de la mía, intercambiar una charla distendida y volver a nuestras vidas y a nuestras otras historias. Con otros todavía no es tan cómoda, aunque con el tiempo (seguramente poco tiempo) creo que lo será. Cuando se aleje definitivamente el recuerdo de los besos que nunca nos hemos dado.

Lara Lars: Unreality nº 3
No importan los emblemas
ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.
Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar
aquí aún te hablo.
Eras más consistente,
más duradera, no porque te besase,
ni porque en ti asiera firme a la existencia.
Sino porque como la mar
después que arena invade temerosa se ahonda.
En verdes o en espumas la mar, feliz, se aleja.
Como ella fue y volvió tú nunca vuelves.

Quizá porque, rodada
sobre playa sin fin, no pude hallarte.
La huella de tu espuma,
cuando el agua se va, queda en los bordes.

Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que
en mí quedara.
Como un alga tus besos.
Mágicos en la luz, pues muertos tornan


Vicente Aleixandre

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