Cuando yo era niña, todo esto de la igualdad y el feminismo no tenía demasiada difusión. Así que, aparte de Pippi Calzaslargas (a la que ya dediqué la entrada correspondiente), la inmensa mayoría de los héroes y referentes de mi infancia eran masculinos: Miguel Strogoff, Sandokán, Marco Polo o incluso Santiago Ramón y Cajal. Una de las primeras heroínas cuyo impacto puedo recordar fue Rosaura, a la que, más que entender, intuía como mujer valerosa, decidida y virtuosa, con un final que ya entonces me resultaba injusto y condenatorio. Ahora, revisando versiones de la obra, la descubro inexplicablemente disminuida en versiones como la célebre de Estudio 1: Curiosa ausencia del siglo XXI para un personaje al que, claramente, Calderón dio un papel predominante. Ya desde el mismo comienzo ("Hipógrifo violento, que corriste parejo con el viento..."), la joven desdichada, contrariada por su caballo como antes por su amante y por su padre, manifiesta su carácter decidido y su a...