Rosaura
Cuando yo era niña, todo esto de la igualdad y el feminismo no tenía demasiada difusión. Así que, aparte de Pippi Calzaslargas (a la que ya dediqué la entrada correspondiente), la inmensa mayoría de los héroes y referentes de mi infancia eran masculinos: Miguel Strogoff, Sandokán, Marco Polo o incluso Santiago Ramón y Cajal.
Una de las primeras heroínas cuyo impacto puedo recordar fue Rosaura, a la que, más que entender, intuía como mujer valerosa, decidida y virtuosa, con un final que ya entonces me resultaba injusto y condenatorio.
Ahora, revisando versiones de la obra, la descubro inexplicablemente disminuida en versiones como la célebre de Estudio 1:
Curiosa ausencia del siglo XXI para un personaje al que, claramente, Calderón dio un papel predominante. Ya desde el mismo comienzo ("Hipógrifo violento, que corriste parejo con el viento..."), la joven desdichada, contrariada por su caballo como antes por su amante y por su padre, manifiesta su carácter decidido y su afán decidido de lucha contra las adversidades. Es una versión suavizada de las desdichas de Segismundo
Como Segismundo, Rosaura ha sido despojada de sus derechos por su propio padre, Clotaldo, al que aun veremos dispuesto a traicionarla un par de veces más. En esa corte polaca que tan mal recibe a los extranjeros, como en Moscovia, las ambiciones palaciegas, tanto por parte de Clotaldo como por la de Astolfo, siempre juegan en contra de la heroína. Y es que lo cierto es que, si bien la obra parece construida como una fábula que nos previene de la desmesura apasionada de Segismundo, la ruindad de los hombres de la corte hace que estos resulten bastante más antipáticos para el lector. Padres desnaturalizados que anteponen el poder y las posición social a la libertad y el honor de sus hijos, como Clotaldo o Basilio, y cortesanos hipócritas como Astolfo, para quien la lúcida Estrella utiliza un sustantivo que repetidas veces en la obra se atribuye a Segismundo :
Y es precisamente en el momento más fiero de Segismundo, ese que pretenden hacerle creer que es un sueño, una ficción o una simple prueba de la realidad, cuando el protagonista se muestra lúcido al juzgar a Clotaldo:
o al mismo Basilio:
Y si la presencia de Segismundo en la corte pone en evidencia el engaño interesado de Basilio, la de Rosaura/ Astrea, en la segunda trama, hace lo propio con el de Astolfo, que es seguramente el personaje más antipático de la obra.
Abandonada nuevamente, una vez que Clotaldo se niega a restaurar su honor, la gentil Rosaura, en un soberbio y larguísimo monólogo que evidencia la importancia de este personaje en la obra original (e imperdonablemente ausente de la televisiva), une su destino al de Segismundo:
Pero, como lamenta en repetidas ocasiones a lo largo de la obra, Rosaura ha nacido desdichada, y en su vida las desgracias se suceden irremediablemente. Segismundo, escarmentado y empeñado en "obrar bien", se ha convertido en un cortesano pacificador y generoso. La venganza o el deseo ya no entran en sus planes, y la trágica heroína acabará en los brazos del necio que, amándola o no (porque los sentimientos de Astolfo son muy difíciles de determinar), había renegado de ella un minuto antes de conocer su origen.
A los niños les decimos que La vida es sueño narra la historia del despertar a la virtud de un hombre naturalmente fiero. En realidad, como todas las grandes obras, es una obra ambigua en la esas tendencias naturales solo pueden ser sustituidas por las ambiciones y la hipocresía (por cierto, atributos masculinos) de la corte. En un contexto como este, Rosaura es la verdadera luz, la nobleza, el honor, la valentía. La virtud solitaria que nos deja un poso de amargura incluso cuando se restauran los dos abandonos de Clotaldo y Astolfo.
Una de las primeras heroínas cuyo impacto puedo recordar fue Rosaura, a la que, más que entender, intuía como mujer valerosa, decidida y virtuosa, con un final que ya entonces me resultaba injusto y condenatorio.
Ahora, revisando versiones de la obra, la descubro inexplicablemente disminuida en versiones como la célebre de Estudio 1:
| Quejoso de la fortuna | ||
| yo en este mundo vivía, | ||
| y cuando entre mí decía: | 265 | |
| ¿Habrá otra persona alguna | ||
| de suerte más importuna?, | ||
| piadoso me has respondido; | ||
| pues volviendo en mi sentido, | ||
| hallo que las penas mías, | 270 | |
| para hacerlas tú alegrías, | ||
| las hubieras recogido. |
Como Segismundo, Rosaura ha sido despojada de sus derechos por su propio padre, Clotaldo, al que aun veremos dispuesto a traicionarla un par de veces más. En esa corte polaca que tan mal recibe a los extranjeros, como en Moscovia, las ambiciones palaciegas, tanto por parte de Clotaldo como por la de Astolfo, siempre juegan en contra de la heroína. Y es que lo cierto es que, si bien la obra parece construida como una fábula que nos previene de la desmesura apasionada de Segismundo, la ruindad de los hombres de la corte hace que estos resulten bastante más antipáticos para el lector. Padres desnaturalizados que anteponen el poder y las posición social a la libertad y el honor de sus hijos, como Clotaldo o Basilio, y cortesanos hipócritas como Astolfo, para quien la lúcida Estrella utiliza un sustantivo que repetidas veces en la obra se atribuye a Segismundo :
| Y advertid que es baja acción, | 505 |
| que sólo a una fiera toca, | |
| madre de engaño y traición, | |
| el halagar con la boca | |
| y matar con la intención. |
Y es precisamente en el momento más fiero de Segismundo, ese que pretenden hacerle creer que es un sueño, una ficción o una simple prueba de la realidad, cuando el protagonista se muestra lúcido al juzgar a Clotaldo:
| Traidor fuiste con la ley, | 320 |
| lisonjero con el Rey, | |
| y crüel conmigo fuiste; | |
| y así el Rey, la ley y yo, | |
| entre desdichas tan fieras, | |
| te condenan a que mueras | 325 |
| a mis manos. |
| Sin ellos me podré estar | |
| como me he estado hasta aquí, | |
| que un padre que contra mí | |
| tanto rigor sabe usar | |
| que con condición ingrata | 495 |
| de su lado me desvía, | |
| como a una fiera me cría | |
| y como a un monstruo me trata, | |
| y mi muerte solicita, | |
| de poca importancia fue | 500 |
| que los brazos no me dé, | |
| cuando el ser de ho[m]bre me quita.[...] |
| ¿qué tengo que agradecerte? | |
| Tirano de mi albedrío, | |
| si viejo y caduco estás | 520 |
| muriéndote, ¿qué me das? | |
| ¿Dasme más de lo que es mío? | |
| Mi padre eres y mi rey; | |
| luego toda esta grandeza | |
| me da la naturaleza | 525 |
| por derechos de su ley. | |
| Luego, aunq[ue] esté en este estado, | |
| obligado no te quedo, | |
| y pedirte cuentas puedo | |
| del tiempo que me has quitado | 530 |
| libertad, vida y honor; | |
| y así, agradéceme a mí | |
| que yo no cobre de ti, | |
| pues eres tú mi deudor. |
Y si la presencia de Segismundo en la corte pone en evidencia el engaño interesado de Basilio, la de Rosaura/ Astrea, en la segunda trama, hace lo propio con el de Astolfo, que es seguramente el personaje más antipático de la obra.
Abandonada nuevamente, una vez que Clotaldo se niega a restaurar su honor, la gentil Rosaura, en un soberbio y larguísimo monólogo que evidencia la importancia de este personaje en la obra original (e imperdonablemente ausente de la televisiva), une su destino al de Segismundo:
| Ea, pues, fuerte caudillo, | 705 |
| a los dos juntos importa | |
| impedir y deshacer | |
| estas concertadas bodas; | |
| a mí porque no se case | |
| el que mi esposo se nombra, | 710 |
| y a ti porque, estando juntos | |
| sus dos estados, no pongan | |
| con más poder y más fuerza | |
| en duda nuestra vitoria. | |
| Mujer, vengo a persuadirte | 715 |
| el remedio de mi honra, | |
| y varón, vengo a alentarte | |
| a que cobres tu corona. |
Pero, como lamenta en repetidas ocasiones a lo largo de la obra, Rosaura ha nacido desdichada, y en su vida las desgracias se suceden irremediablemente. Segismundo, escarmentado y empeñado en "obrar bien", se ha convertido en un cortesano pacificador y generoso. La venganza o el deseo ya no entran en sus planes, y la trágica heroína acabará en los brazos del necio que, amándola o no (porque los sentimientos de Astolfo son muy difíciles de determinar), había renegado de ella un minuto antes de conocer su origen.
A los niños les decimos que La vida es sueño narra la historia del despertar a la virtud de un hombre naturalmente fiero. En realidad, como todas las grandes obras, es una obra ambigua en la esas tendencias naturales solo pueden ser sustituidas por las ambiciones y la hipocresía (por cierto, atributos masculinos) de la corte. En un contexto como este, Rosaura es la verdadera luz, la nobleza, el honor, la valentía. La virtud solitaria que nos deja un poso de amargura incluso cuando se restauran los dos abandonos de Clotaldo y Astolfo.
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