Divide y vencerás
Leyendo el siguiente fragmento de El blog del Inquisidor, de Lorenzo Silva, se me ocurre que las cosas han cambiado muy poco en los últimos siglos.
¿Es que la historia no nos enseña nada?
Bueno... parece que a los poderosos sí.
<<El hecho es que entonces, a mediados del siglo XV, ser judío en los reinos cristianos de España no era ilegal, no se los perseguía ni se los expulsaba, como en otros reinos cristianos europeos. Tan sólo se veían sometidos a una reducción de sus derechos civiles, odiosa, claro está, pero que no les impedía llevar adelante sus negocios ni practicar su culto. Por el contrario, aquellos judíos que habiéndose bautizado continuaban en secreto con la religión de sus antepasados eran formalmente herejes, y como tal perseguibles por la Inquisición, bajo cuya jurisdicción habían caído a raíz del bautismo...Una situación bastante particular, desde luego.Lo tremendo fue lo que se siguió de ella. ¿Quiénes fueron los principales testigos de cargo contra los conversos en esos años?Pues no sé. ¿Quiénes?Los propios judíos. Ellos sabían mejor que nadie quiénes eran los conversos que seguían con su antiguo culto. A veces, simplemente porque los veían en la sinagoga. Y los denunciaban a la Inquisición. Por traidores, pero también porque seguían disfrutando de derechos que ellos, como judíos convencidos y consecuentes, habían aceptado perder.En fin. Suena creíble. Por feo que resulte.Es la condición humana. Y está documentado. Como está documentado lo que pasó luego, a partir, de 1492, cuando por fin se decretó la expulsión, ¿quiénes fueron los que denunciaron a los judíos que desobedecieron el decreto de expulsión y permanecieron escondidos?Imagino la respuesta.Exacto: los herederos de aquellos conversos denunciados en su día por los judíos que ahora pasaban a ser proscritos y a los que podían arrojar a las fauces del mismo tribunal al que habían servido como delatores. De donde se deduce la triste conclusión de que los judíos colaboraron eficazmente con el Santo Oficio en su propia represión.Bueno, no deja de ser una visión algo dura.¿En qué?Dadas las circunstancias...No hay ninguna excusa, Theresa. No es como la colaboración por el miedo que se dio en otras persecuciones. En el Holocausto nazi, por ejemplo, donde la gente cooperaba para salvar el pellejo. Antes de 1492 los judíos no tenían nada que temer si no denunciaban a sus hermanos clandestinos. Lo hicieron, los entregaron al enemigo, para que no gozaran de lo que ellos no tenían; quién sabe si incluso para hacer méritos ante los mismos cristianos que los discriminaban. Y después de 1492, el móvil de los conversos fue la venganza pura y dura. [...]... más que la expresión de un fanatismo religioso, el Santo Oficio fue un instrumento de los reyes españoles para desactivar a un serie de minorías que amenazaban la cohesión del reino. Judíos, moriscos, protestantes... En teoría se les perseguía por sus creencias, pero en la práctica lo que todos ellos representaban era una desviación respecto de la férrea unidad política que la Corona española había forjado en torno a la religión católica.>>
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