Spain is different


Intento formarme una idea sobre la especificidad de la cortesía española.  Pero por el momento solo he encontrado artículos que perpetúan los tópicos que llevamos repitiendo, como mínimo, dos o tres siglos: la visión romántica de un país que prima la cercanía, la espontaneidad y el carácter amistoso, y la más ilustrada que critica una endémica falta de modales. 

Notemos primero que los objetos comúnmente llamados particularmente por Goffman "territorio" y "rostro" son rebautizados por Brown y Levinson, respectivamente como "imagen negativa” e "imagen positiva". Esta innovación puede ser inapropiada porque sugiere la existencia de una relación de oposición entre las dos nociones, cuando no la hay: las imágenes "negativa" y positiva" no son contradictorias, sino complementarias: ellas representan dos partes igualmente fundamentales de todo ser social. Además, los términos de Goffman están mejor motivados, porque la metáfora del territorio es más expresiva y el sentido técnico de "rostro" reencuentra lo que la lengua original le confiere a esa palabra en expresiones como "cuidar" o "perder" la imagen. (Kerbrat Orecchioni 1991: 42)
Bravo (1999, 2004) ha propuesto dos conceptos que resolverían el problema de la nomenclatura, si se logran imponer en los estudios sobre el tema. Para esta autora, hay dos contextos socioculturales conocidos, aceptados y practicados en una comunidad; las características de estos conceptos están relacionadas con los deseos de los hablantes, los cuales pueden incluirse en dos categorías generales llamadas imagen de autonomía e imagen de afiliación (Bravo 1999). Con la primera cara de la imagen, el individuo cumple el deseo de verse y ser visto como alguien con contorno propio dentro del grupo, lo que lo hace especial y lo diferencia de aquel; con la segunda, el individuo cumple, por el contrario, con su deseo de verse y ser visto según las características que lo identifican con su grupo.
 Alexandra Álvarez Muro: Cortesía y descortesía: teoría y praxis de un sistema de significación
Por lo que a la terminología se refiere, convendría sustituir cortesía positiva por cortesía de solidaridad y cortesía negativa por cortesía de distanciamiento, por ser estos términos más claros y más representativos de los conceptos que pretenden denotar. […]
La predilección del español por la exhortación directa, en cambio, es característica de una cultura en la que la solidaridad ocupa un lugar central en la interacción verbal cotidiana. A este tipo de cultura se aplica el siguiente principio pragmático: 'donde predominan relaciones de solidaridad se sobreentiende el derecho de amenazar la libertad de acción del interlocutor'. […]
En cuanto a la expresión de cortesía verbal, los fenómenos examinados dejan ver que hay buenos motivos para calificar la cultura española como una cultura orientada fundamentalmente hacia la cortesía de solidaridad. En la cultura holandesa, en cambio, predomina la predilección por la expresión de cortesía de distanciamiento. Concretamente, el análisis de las tres mayores clases de actos de habla nos ha permitido concluir que, en el plano asertivo, la cortesía de solidaridad se manifiesta típicamente por la repetición de las palabras del interlocutor; en el plano exhortativo, por la realización directa del acto de habla, y en el plano expresivo, por el evitar expresar agradecimiento en aquellas situaciones comunicativas en las que el acto agradecido es un acto rutinario. La cortesía de distanciamiento, por otra parte, se manifiesta de esta manera: en el plano asertivo, por el uso espontáneo de la ironía para disimular valoraciones negativas o despectivas; en el plano exhortativo, por la realización convencional de actos de habla indirectos, y en el plano expresivo, por el uso de fórmulas de agradecimiento como reacción verbal a actos tanto rutinarios como no rutinarios.
Hens Haverkate: Estrategias de cortesía: análisis intercultural
 Towards their in-group, Spaniards behave with spontaneity and enthusiasm and tend to express their feelings overtly. Members of the same in-group see it as their duty to help and support each other, both morally and financially, so they find no obvious reason for thanking or apologizing, except for something they conceive of as being very serious or beyond the normal duties of the performer of the action [...] In England, cultural norms demand a more distant system of behaviour [...] requests are comparatively more sparingly employed, since they are perceived to a greater extent as impositions and they are preferably expressed more elaborately and indirectly. Verbalizations of thanks and apologies are imperative even for minor relevant situations and among members belonging to the same in-group.
Hickey y Vázquez Orta: Politeness as Deference: A Pragmatic View
Los estudios de cortesía atribuyen al español un modelo de cortesía positiva y, algunos, le imputan los efectos de la denominada confianza, esto es, del fenómeno etnolingüístico merced al cual los hablantes procuran adoptar unos hábitos lingüísticos propios de un contexto familiar, so pretexto de mostrar una actitud positiva. […]
En un trabajo posterior, Hernández Flores (2001: 89; vid. asimismo Hernández Flores, 2004a, 2004b) describía la confianza en función de cuatro premisas: 1) tener la confianza del interlocutor significa disfrutar de una relación cercana y afectiva con él; 2) valerse de la confianza implica hablar con franqueza y sin reservas; 3) ser una persona de confianza exige ser percibido por el interlocutor como un amigo, casi como un familiar, y 4) actuar asistido por la confianza permite expresarse libremente, sin temor a ofender al interlocutor y a sabiendas de que nuestros actos serán interpretados con naturalidad. Mediante la confianza, argumenta Bravo (1999), los españoles interaccionan verbalmente de modo muy dispar al resto de la civilización occidental. Es la confianza, indica Bravo (sufra), la responsable de que en español se obvien, con mayor o menor asiduidad, las fórmulas de cortesía y se procure dotar todo acto comunicativo de familiaridad. […]
Efectivamente, en España es habitual esa confianza, o el exceso de ella, en contextos formales; ahora bien, que la confianza sea aceptada por los españoles, ya sean sureños o norteños, es algo que ponen en tela de juicio las empresas más importantes, como El Corte Inglés e Iberia, y, al menos, uno de los intelectuales más conocidos y reputados de la España de entre siglos. Por todo lo anterior, es necesario rechazar el término lingüístico confianza en los términos en que se ha presentado, ya que esta confianza acaso no haga más que suscitar, en la mayoría de las instancias, la desconfianza del interlocutor —con la obvia salvedad de ciertos contextos situacionales de familiaridad[…]
Bravo sugiere que la relajación de lo cortés se debe al afán español por mostrar y ganarse la confianza del interlocutor, hipótesis que han desarrollado después varios lingüistas. Aun cuando esa pretensión de confianza puede percibirse, en espacios familiares, como una práctica compatible con la cortesía, en este artículo se ha tratado de demostrar que su empleo en contextos formales resulta tan ilógico como inapropiado y que la misma formulación del concepto confianza en estudios de cortesía peninsular (en contextos formales, insisto) resulta inaceptable a la luz de las políticas de ciertas empresas. La aplicación del término confianza a contextos formales es más una justificación de ciertos usos descorteses que una explicación de los mismos.
Así las cosas, en España, la confianza —según la han descrito lingüistas como Bravo y Villemoes— asoma asiduamente en contextos formales, donde es antagónica y nociva para la cortesía. Este fenómeno no se produce en otros países europeos, tanto en lenguas germánicas (tal que el inglés y el danés) como en otras romances (v.g. el portugués). Los trabajos empíricos publicados en el área de los estudios interculturales demuestran que, a nivel transnacional, los españoles se encuentran entre los europeos que menos confianza inspiran en el extranjero. Toda vez que las teorías de Bravo y Villemoes faltan tanto a la lógica como a la realidad de la sociedad española y de los estudios interculturales, debemos alcanzar a entender los usos lingüísticos peninsulares por otros caminos.
J.A.G. Ardila: Confianza y norma social en la cortesía lingüística

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