Poder y discurso


Las sociedades humanas sólo pueden existir y subsistir si disponen de recursos. Su aprovechamiento requiere un mecanismo de distribución que lleva a una categorización y un posicionamiento de los miembros del grupo. La reglamentación de estos posicionamientos lleva a la formación de estructuras de Poder: alguien tiene que determinar la categoría y la posición de cada miembro y las normas necesarias para realizar la reglamentación. Los que “determinan” son los Poderosos. La organización del Poder es algo necesario a toda sociedad humana, sus formas concretas son siempre cuestionables, siendo la distribución de los recursos raramente equilibrada. El Poder es por eso uno de los temas principales del discurso humano.

 El establecimiento del Poder se efectúa a través de ritos que regulan el curso de la vida, a través de mitos que hablan de dioses y héroes instituidores de orden, a través de la representación de la historia humana como obra de una Providencia divina que lo ordena todo y lo lleva todo a buen fin, a través de leyes que establecen formalmente los comportamientos humanos. En la enseñanza de la necesidad de aceptar y practicar ciertas reglas tienen mayor impacto productos artísticos como cuentos, novelas y piezas teatrales que textos legales o didácticos. La representación repetida de un Nosotros bien organizado y de un Vosotros hostil, la repetición regular, narrada y ritualizada, de historias de acciones benéficas de personajes “protectores” resultan ser factores esenciales para crear una sociedad con un alto grado de cohesión. En cambio, quien no esté de acuerdo con cierto Poder le opondrá discursos de resistencia y de revolución y propondrá nuevas formas de distribuir los recursos. Un Poder puede ejercerlo sólo el que tenga la capacidad de “discurrir” y de mediatizar sus discursos.

 La función fundamental del lenguaje realizado como discurso es la constitución de una realidad semiótica. Ésta se estructura de tal manera que podamos comprenderla y apoderarnos de ella. Hasta cierto punto, toda textualización es siempre una tentativa de ejercer cierto poder. Para reconocer y entender este poder tenemos que preguntarnos siempre qué realidad es constituida por quién, cómo, por qué y para quién. Ante un texto tengo que preguntarme como receptor: ¿Cómo reconozco el poder que se quiere ejercer sobre mí?

 El Poder se mantiene o se cambia en particular a través de la constitución y tematización de normas de conducta valoradas positiva o negativamente, normas transmitidas en forma de textos y otros productos semióticos. Típicos temas positivos son el trabajo, la nación o la educación, típicos temas negativos son la barbarie, la locura o la magia negra. También instituciones como escuelas o ayuntamientos, pero también hospitales y cárceles, sirven para la formación de nuestra conducta. Desde esta perspectiva, discurso significa el hablar de Poderosos o de Antipoderosos sobre determinados temas, usados para explicar las relaciones de Poder que hay que guardar o cambiar.

 Analizar críticamente un texto significa no sólo reconocer tema, macroestructuras, coherencia, cohesión, estilo, género textual, sino también – a través de la contextualización histórica e intermedial – descubrir su intencionalidad inmediata y mediata y por lo tanto la concepción de Poder por él directa o indirectamente vehiculada. El análisis crítico del discurso se ocupa por lo tanto de textos (y otros productos semióticos) desde el punto de vista de las estructuras de Poder en una determinada sociedad. Todo texto puede explicarse, también independientemente de su función inmediata,  desde la constelación de Poder existente en una determinada sociedad. A través del análisis y de la interpretación textual, el Análisis crítico del discurso descubre la construcción de relaciones de Poder transmitidas por los productos semióticos, sirve para reconstruir el Poder que se quiere ejercer a través de los textos y enseña al analizador a intervenir él mismo en el discurso del Poder.

                                                                       Miguel Metzeltin:  De la Retórica al Análisis del discurso


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