Reencuentro circular
¡No corras, ve despacioque adonde tienes que ires a ti misma!
¡Ve despacio, no corras,que el niño de tu yo, recién nacidoeterno,
no te puede seguir!
J.R.J (remastered)
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| Velázquez: La Venus del espejo |
Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos
separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor
se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más,
pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un
diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y
los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en
sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos
vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que
mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra
poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de
nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga
que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las
palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es
tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que
ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan
el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o
un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos
dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una
vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a
fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el
agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los
nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada
en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el
impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo
los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y
no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo,
puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la
retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del
cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su
vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que
desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto
irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame
entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.
Julio Cortázar: Rayuela. Capítulo 21
25 años atrás

Comentarios
A veces estalla Bellísima. Cegadora.
Destructora y peligrosísima, su belleza.
Y a veces se vuelve mujer. Y se tapa bajo un relato, agotada.
Un relato que será sólo lluvia.
Yo me asomo a nuestra ventana temblando. Convertido en destellos palpitantes, y le asusta mi brillo.
No sabe que fué ella.
No sé acuerda de cuando fué suepernova.