De hombres y de machos
El bisabuelo Lizard(o) era un tipo controvertido. Mi padre lo tenía idealizado, como epítome de la masculinidad más excelsa, pero a mí siempre me ha parecido que las mujeres de la familia no le tenían mucha estima.
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Cuenta la leyenda (o sea, mi padre) que pertenecía a una familia más humilde que la de mi bisabuela, y que el padre de esta le puso noséqué condición económica para poder casarse con su hija. Así que él se fue a Cuba, hizo fortuna, volvió y consiguió el matrimonio. Más por orgullo que por amor, se empeñó en que mi bisabuela viviese como una verdadera señorita, para lo cual sacrificó a sus hijas (y supongo que a sus hijos) haciéndolas trabajar "arreo" en casa y en el campo. Eso sí, le hacía el amor a su mujer todas las noches sin faltar una (siempre según la leyenda).
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Sus hijos heredaron esa sexualidad desbordada. Uno de ellos, el músico, debía de ser más equilibrado y seductor, tal vez porque la música suavizase las tendencias heredadas. Murió joven y yo no lo recuerdo. Otro, después de nosécuántos líos de faldas y creo que hasta de dejar embarazada a una chica, huyó a Barcelona y se emparejó allí. El que se quedó aquí era muy obsesivo con las mujeres, incluso de viejo. Un día desapareció y no se supo más de él.
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Las hijas de Lizard(o), y muy especialmente mi abuela, fueron mujeres muy recias y de carácter fuerte y dominante. En general (quizá no la pequeña) se casaron con hombres menudos, callados y de poco carácter; seguramente pensaron que ya habían aguantado a bastantes machotes con su padre.
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Más allá de Sanabria, el abuelo, mi primer referente masculino, también era de familia más humilde que la abuela. Aquí los padres de ella no pusieron impedimentos, pero pretendieron fagocitar al yerno utilizándolo para sus intereses económicos y hasta políticos. Pero mi abuelo, hombre de mundo curtido en mil batallas metafóricas y reales, cogió a su mujer y a su hijo y se las trajo al otro lado de las montañas, y así se liberó él e intentó liberarla a ella de unas familias que no debían de ser demasiado amables. El abuelo era una persona sobria y moderada, de sólidos principios religiosos y morales, para bien y para mal. Supongo que bastante estricto para con sus hijos e hijas, conmig creo que le unió una relación de complicidad y cariño muy parecida a la que ahora, desde el otro lado, tengo con Daniel.
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Cuenta la leyenda (o sea, mi padre) que pertenecía a una familia más humilde que la de mi bisabuela, y que el padre de esta le puso noséqué condición económica para poder casarse con su hija. Así que él se fue a Cuba, hizo fortuna, volvió y consiguió el matrimonio. Más por orgullo que por amor, se empeñó en que mi bisabuela viviese como una verdadera señorita, para lo cual sacrificó a sus hijas (y supongo que a sus hijos) haciéndolas trabajar "arreo" en casa y en el campo. Eso sí, le hacía el amor a su mujer todas las noches sin faltar una (siempre según la leyenda).
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Sus hijos heredaron esa sexualidad desbordada. Uno de ellos, el músico, debía de ser más equilibrado y seductor, tal vez porque la música suavizase las tendencias heredadas. Murió joven y yo no lo recuerdo. Otro, después de nosécuántos líos de faldas y creo que hasta de dejar embarazada a una chica, huyó a Barcelona y se emparejó allí. El que se quedó aquí era muy obsesivo con las mujeres, incluso de viejo. Un día desapareció y no se supo más de él.
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Las hijas de Lizard(o), y muy especialmente mi abuela, fueron mujeres muy recias y de carácter fuerte y dominante. En general (quizá no la pequeña) se casaron con hombres menudos, callados y de poco carácter; seguramente pensaron que ya habían aguantado a bastantes machotes con su padre.
Más allá de Sanabria, el abuelo, mi primer referente masculino, también era de familia más humilde que la abuela. Aquí los padres de ella no pusieron impedimentos, pero pretendieron fagocitar al yerno utilizándolo para sus intereses económicos y hasta políticos. Pero mi abuelo, hombre de mundo curtido en mil batallas metafóricas y reales, cogió a su mujer y a su hijo y se las trajo al otro lado de las montañas, y así se liberó él e intentó liberarla a ella de unas familias que no debían de ser demasiado amables. El abuelo era una persona sobria y moderada, de sólidos principios religiosos y morales, para bien y para mal. Supongo que bastante estricto para con sus hijos e hijas, conmig creo que le unió una relación de complicidad y cariño muy parecida a la que ahora, desde el otro lado, tengo con Daniel.


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