Nom de famille


Cesáreo era el nombre de mi padre. Pero también era el nombre de un tío de mi madre. El tío cura, le llamábamos también.

Mi abuelo materno tenía cierta pelusa hacia el tío cura, porque sus padres, mis bisabuelos, que eran muy pobres, habían decidido pagarle los estudios a Cesáreo y no a él. Esos estudios garantizaban posición y prestigio, mientras que a mi abuelo lo "colocaron" medio a servir en casa de no sé qué otros parientes, lo trajeron de cacharrero por el mundo adelante desde los 12 años y, en general, tuvo que esforzarse mucho para sobrevivir y prosperar. Tal vez ese pequeño conflicto con su familia provocase su partida y la instauración de la "saga" gallega, robando a sus padres a los dos hermanos pequeños que, atraídos por él, vinieron a Galicia a labrarse su porvenir (aunque el pequeño, Francisco, también le puso Cesáreo a su primogénito).
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También el Cesáreo de la otra rama, mi padre, despertó la pelusa de su hermano intermedio. Esta era una rivalidad profunda, menos disimulada, pero con unos orígenes más difusos. Tal vez la inteligencia de mi padre, tal vez esa personalidad carismática que nos ha marcado a todos, tal vez su presencia en la familia de mi abuela paterna, claramente dominante con respecto a la del abuelo...
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Si la vida fuese una novela y los nombres significasen algo, mi hermano estaría llamado a recoger ese testigo de "envidiado" de los Cesáreos de las dos ramas. Pero, por alguna razón que sospecho pero no quiero escribir, se diría que mis hermanos y yo hemos sorteado bastante bien ese tipo de rivalidades cainitas. Aunque esta es solo mi visión, claro.
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M. Chagall: Caín y Abel
Teresa, sin embargo, es un nombre que solo se repite en la línea femenina. Y esto, claro, ya no es una coincidencia azarosa sino intencional. Cosas de chicas que a no afectan a mis asuntos por el momento.
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El caso es que Teresa conoció a Cesáreo y, contra todo pronóstico, se enamoró de él. Bueno, contra todo pronóstico y contra la voluntad del abuelo, al que no le hizo nada de gracia, supuestamente por razones políticas. Aunque vaya usté a saber si el nombre no tuvo también algo que ver en la suspicacia... Cosas de la vida, que a veces se parece a una novela. Lo importante es que la oposición no pudo impedir el matrimonio, y en menos que canta un gallo Plácido, que era más perro ladrador que mordedor, se vio criando a su nieta, hija biológica del Cesáreo apócrifo pero que en un par de años se convirtió en hija putativa de los dos.

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