Amor incondicional... ma non troppo

<< De un día para otro, los pacientes con Síndrome de Capgras afirman que algunos de sus seres queridos (normalmente la pareja, algún familiar cercano, o incluso compañeros de trabajo) han sido sustituidos por dobles idénticos que se comportan de la misma manera, aunque presentan ciertos aspectos diferentes. 
En este momento, el vínculo emocional que existía entre ellos se rompe y aparece así el  miedo, el rechazo y la evitación. No son capaces de saber por qué, para qué y quién ha sustituido a su ser querido, pero aunque esta idea carezca de sentido, dan por hecho que es cierta, e interpretarán todo tipo de hechos y acciones como señales de que están rodeados de impostores.
En definitiva, los pacientes pueden reconocer los rostros de los demás pero no conectarlos con el significado emocional que poseen, de modo que sienten que hay una persona con la misma cara y rasgos que otra y a la vez no saben señalar una razón concreta y coherente por la que ese individuo no es quien dice ser. >>
 Elisa García de Sola: Síndrome de Capgras: síntomas, causas y tratamiento. 


Los sentimientos están, en una medida mucho más intensa de lo que nos gustaría reconocer, social y culturalmente regulados. Hay un montón de significantes que, desde el momento mismo en que empezamos a interpretar la realidad (¡y eso ocurre extraordinariamente pronto!) nos van indicando cómo, cuánto y a quién tenemos que querer. Y no van a parar de hacerlo hasta que nos muramos, a no ser que nos liemos la manta a la cabeza y nos vayamos a vivir en una isla desierta en la que no haya ningún animal mínimamente social.
Esa regulación es tanto más fuerte cuanto menos voluntaria sea la relación. Para cualquier ente criado en la cultura occidental, y ya no digamos en una país de herencia católica, el amor a la familia es indiscutible y sagrado. Ser padre, madre, hijo o hermano te convierte automáticamente en merecedor de un amor incondicional por parte de "los tuyos". Nadie se plantea que las malas personas, los locos, los criminales o simplemente ese compañero con un carácter difícil también tienen hijos, padres, pareja y amigos, y que a veces, el parentesco puede no ser suficiente. Y, ciertamente, en la mayoría de los casos les quieren igual. Pero no les quieren porque haya nada de natural o de universal en ello, sino porque la cultura se ha ocupado desde que eran bebés en inculcarles ese sentimiento tan poco natural.


Bien pensado, el síndrome de Capgras puede ser muy liberador: eres un impostor y puedo no quererte, rechazarte, evitarte y hasta despreciarte sin vulnerar lo más mínimo el código moral que rige mi vida.
El amor natural no es gratuito ni incondicional, es un simple intercambio como cualquier otro.
Te doy en la medida en la que tú me das.
Si doy más de lo que recibo, dejaré de quererte.
Si me das más pena que gloria, dejaré de quererte.
Si no me das lo que espero de ti, dejaré de quererte.
Si no cubres la necesidad para la que te doy mi cariño, dejaré de quererte.
Si no eres lo que yo esperaba, dejaré de quererte ...
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No esperes nunca un amor incondicional de mi parte. Ni siquiera aunque creas que soy una persona de principios. Si mis principios no pueden resistirlo, recurriré al síndrome de Capgras. Te convertiré en un/a impostor/a para poder rechazarte.


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