La importancia de llamarse
Porque la vida es a veces así de caprichosa, me toca seguir leyendo sobre nombres e identidades, apariencias y realidades. Esta vez, de nuevo, de la mano de Oscar Wilde.
En inglés, el título (La importancia de SER “Earnest”) no habla de nombres, habla de identidad. Y el “earnest”, pronunciado (pero no escrito) igual que el nombre significa, en definición del Wordreference, “algo de valor entregado por una persona a otra para establecer un contrato”. Por si no nos queda claro, el Ernesto de la historia se apellida “Worthing” (“cualidad que vuelve una cosa algo deseable, valioso o útil”).
Ernest es la identidad creada por Jack (“there is very little music in the name of Jack/ I have known several Jacks, and they all, without exception, were more than usually plain”), para relacionarse en la ciudad, liberarse de la “estricta moral” que le ata en el campo y obtener, así, “salud y felicidad”. Una identidad que muy pronto le atará a nuevas obligaciones.
Todos nos creamos una imagen ante los demás, una imagen que creemos deseable y oportuna, y de la que en algún momento nos costará mucho liberarnos: porque los demás nos ven así, esperan eso de nosotros, nos empujan a seguir siendo lo que ellos creen, y el cambio se vuelve arduo, imposible las más de las veces. Ni siquiera don Juan, paradigma del individualismo y la libertad más extrema, pudo imponer su voluntad de cambio. La sociedad, en forma de comendador, no entiende de arrepentimientos.
Tampoco parece que Gwendoline vaya a ser más generosa. Ella ya había asumido el valioso concepto “Ernest” como representación de su ideal amoroso y, como todos los amantes, proyectó ese ideal en alguien que, a su vez, pretendía encajar en él… ¿sin serlo?
La confirmación de Ernest como objeto ideal del amor femenino se realiza en el interés de Cecile por alguien con ese mismo nombre (“it has always been a girlish dream of mine to love someone whose name was Ernest”). Alguien que no existe en realidad, una identidad vacía que Algernon, como Jack, intentará llenar con su persona. Ilusiones románticas que, más pronto que tarde, llevan al desengaño (“a gross deception has been practised on both of us”), provocado en la obra por el encuentro entre las dos jóvenes. Aman las dos (¿amamos quizá todos, al menos al comienzo de una relación?) a alguien que no coincide con sus verdaderos prometidos (“we are both engaged to be married to your brother Ernest”).
Pero Jack y Algernon están decididos a encajar en el modelo, aun a costa de cambiar su identidad. O de descubrirla: “ it is a terrible thing for a man to find out suddenly that all his life he has been speaking nothing but the truth”. ¿O será que el amor puede hacer florecer lo que de valioso llevamos dentro?
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