La confluencia entre lingüística y percepción/ cognición de los últimos años apunta a una posible explicación razonable de la perspectiva materialista sobre el hombre. No es descabellado pensar que el significado se construya a partir de sucesivos y complejos procesos cognitivos, tanto a nivel individual como social, que tienen su origen en la percepción, y por tanto en la experiencia sensorial, corpórea, de uno mismo, del mundo y de la interacción entre ambos. Ahora bien, si los significados tienen su origen último en percepciones (reacciones físicas al entorno), ¿no podríamos pensar que, en algún momento, se produzca el proceso inverso? Es decir, que los significados, transmitidos y recreados continuamente en el flujo constante de la comunicación, puediesen originar reacciones físicas en el organismo. Y no hablo de simples reacciones psicosomáticas en el sentido habitual, como si todas fuesen resultado de un indefinido "estrés", o, más a la antigua, "nervios". ...
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