Malos tiempos para la vida

El coronavirus es la peor desgracia que ha vivido mi generación a nivel colectivo, sin ningún género de dudas. Si los pilares de la vida y del bienestar son, como reza la canción, "salud, dinero y amor", la puñetera pandemia está asestando golpes mortales a las bases de los tres.
Se ha hablado hasta la saciedad de los problemas sanitarios y de los económicos, y en numerosos foros se plantea la cuestión en base a esta dicotomía salud / dinero. Se habla muy poco, sin embargo, de la tercera pata, la de los afectos y la vida social, que se ha visto tanto o más comprometida en estos largos meses de encierro, aislamiento y distancia.
En un primer momento, meternos en casa nos hizo más concientes de nosotros mismos y de nuestro territorio. De repente, las obligaciones sociales y familiares más allá de nuestro núcleo más íntimo perdieron importancia. Pudimos liberarnos de compromisos y obligaciones no deseadas y quedarnos solo con lo que realmente nos importaba. Nos hicimos conscientes de nuestras verdaderas necesidades básicas y nos centramos en alimentarlas.
Pero en ese encuentro con nosotros mismos algunos descubrimos también nuestras carencias. Especialmente aquellos para quienes las cosas importantes están fuera de nuestras casas y de nuestro circulo familiar. Cuando el espejismo fantástico, casi irreal, del confinamiento se alejó, no volvió la vida.
Mucha, demasiada gente, sigue confinada, ocupándose de los suyo y de los suyos, y nosotros no formamos parte realmente de lo de nadie. Esa gente que se ha liberado de los compromisos, se ha librado también de nosotros, y nosotros nos hemos quedado sin excusa para liberarnos de los nuestros.
Descubrimos que la libertad tenía un precio y que tal vez se haga demasiado tarde para volver atrás.
Si la vida vuelve algún día, si por un giro del destino aparece esa improbable segunda oportunidad, solo quiero recordar la importancia de los vínculos recíprocos. La gente a la quieres no es importante. La gente que te quiere no es importante. La gente importante es la gente a la quieres y te quiere en la misma medida, y con la que puedes, además, compartir la vida en tiempos de pandemia y de postpandemia. Nada más, y nada menos.
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Edwarg Hopper: Morning sun
Edward Hopper: Morning sun

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