Más allá de la muerte

 

O my Luve is like a red, red rose
   That’s newly sprung in June;
O my Luve is like the melody
   That’s sweetly played in tune.

So fair art thou, my bonnie lass,
   So deep in luve am I;
And I will luve thee still, my dear,
   Till a’ the seas gang dry.

Till a’ the seas gang dry, my dear,
   And the rocks melt wi’ the sun;
I will love thee still, my dear,
   While the sands o’ life shall run.

And fare thee weel, my only luve!
   And fare thee weel awhile!
And I will come again, my luve,
   Though it were ten thousand mile.
;
             Robert Burns


Siempre hay una rosa fresca sobre su tumba. Una rosa que no pone su mujer. La pone alguien que no estuvo a su lado en los últimos meses, ni días. Que probablemente no recibió duelo. Alguien anónimo, a quien nadie puede consolar ni agradecer, que desde hace dos años no ha dejado de depositar su rosa sobre la tumba. Porque, al fin y al cabo, eso de "hasta que la muerte nos separe" lo prometen los cónyuges, no los amantes.

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