Silencio

 Aquel verano, con la excusa de enseñarme a conducir, pasábamos las tardes metidos en el coche. Tardes que se volvieron interminables, eternas, cuando él empezó a utilizarme para disertar durante HORAS sobre sus problemas de pareja, lo cual, como es lógico, me desagradaba sobremanera. 

Recuerdo casi el momento exacto en el que, no queriendo manifestar directamente mi desagrado, expresé lo que cualquier mínimo atisbo de sentido común debería haber hecho evidente en sus mentes: "Eso tienes que hablarlo con ella, no conmigo". Y recuerdo con exactitud sus palabras: "Esas cosas no se hablan. Cuando hay que hablarlo, es que está acabado". 

Y así pasaron los años, sin hablarlo, construyendo enormes y gruesos muros de silencio no sólo entre ellos, sino también con nosotros, y con el mundo. El silencio es la herencia que nos han dejado. No pueden reprocharnos nada. 

Parece que eso no es tan extraño. Incluso hay quien le ha puesto un nombre más que interesante: "divorcio emocional". Supongo que será cómodo para las parejas que no saben a qué se enfrentan. Los que vimos el final, tenemos suficiente con vivirlo (y sufrirlo) una vez, en un ámbito de nuestra vida, y, al fin y al cabo, en una familia en la que, una vez nos hemos hecho adultos, solo estamos de prestado. 

R. Magritte: Los amantes (1928)
O teito é de pedra.
De pedra son os muros
e as tebras.
De pedra o chan
e as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fiestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazóns dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.
E eu, morrendo
nesta longa noite
de pedra.
(C. E. Ferreiro)


Comentarios

Entradas populares de este blog

Trabajo y empleo

Normal Natural Necesario

Metáfora conceptual y viceversa