Losers
Hubo un tiempo, cada vez más lejano, en el que pudimos llegar a soñar con el fin del neoliberalismo, o al menos de sus consecuencias más perniciosas (poder de multinacionales y oligarquías, burbujas, juegos sucios financieros y bursátiles). Antes incluso de eso, los más modernos de la generación de nuestros padres osaron soñar con el fin de la moral tradicional y la regulación de la vida privada.
La pandemia ha venido a darle la puntilla final a las pocas ilusiones de progreso que quedaban, si es que que quedaba alguna. A nivel económico, autónomos y pequeños empresarios se vienen abajo, sectores enteros de cuya debacle más que probablemente se aprovecharán grandes empresas, que tendrán un montón de barcos semihundidos a reflotar. Un gobierno supuestamente progresista ha conseguido "salvar", aparentemente, a los trabajadores. Que podrán seguir siendo trabajadores, siempre y cuando su patrón (el viejo o el nuevo) sea lo suficientemente fuerte como para sobrevivir.
A nivel personal, la familia como núcleo de convivencia se ha visto reforzada, por encima de cualquier otro tipo de relación, que se daba implícitamente por innecesaria. Ni siquiera ha sido objeto de debate la situación de gente que viva sola, los que conviven por necesidad, sea por cuidados o por dependencia, las parejas no convivientes, los amigos que para muchos de nosotros son un apoyo mayor que los familares, o algo tan sencillo como las necesidades sentimentales o eróticas de grupos poblacionales enteros.
La cultura, por el contrario, sí ha tenido una cierta visibilidad. Pero también le costará mucho sustraerse de este imparable viraje al mundo virtual. Conciertos online, estrenos en plataformas de televisión antes que en los cines, teatro en streaming (¿alguien puede entender el teatro, arte tridimensional y corpóreo donde los haya, ¡¡en una pantalla!!?), visitas virtuales a museos y exposiciones. Le llaman "reinventarse", e incluso "abrir posibilidades". A la mente, claro, pero nunca al cuerpo, que no tiene que moverse del sofá más que para un poco de Gym virtual. No vaya a ser que redescubramos el placer de la carne, de lo corpóreo, de la experiencia sensorial del espacio.
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| Anónimo |
En fin, que se nos está quedando un mundo la mar de bonito. A mí no me sorprendería despertarme un día y descubrir que, fuera de los ordenadores y la televisión, todo lo demás se ha vuelto blanco y negro.



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