Mentiras "piadosas"

 Las mentiras y las ocultaciones forman la columna vertebral de las relaciones familiares en mi entorno. Son una seña de identidad más profunda y característica que los apellidos. No se lo digáis a vuestra madre. No se lo digáis al abuelo. No se lo digas a tu hermana, ella es más frágil que tú. Eso está muy bien, pero a tu madre no deberías decírselo. Siempre me estáis criticando. No hables del problema de mi hermano, tú "solo" eres su amigo. Esta es mi casa y aquí no quiero que se discuta.

Ese tipo de estrategias forma parte de una "preocupación por el otro" enfermiza y paradójica. Paradójica en el sentido de que, aunque surja de un aparente interés por el bienestar del otro, de un supuesto intento de no molestarle ni "darle disgustos", también implica una minusvaloración que en el fondo no es muy respetuosa. Implica que no crees al otro capaz de asimilar comportamientos, ideas o actitudes diferentes a los de su sistema de valores. Implica que no confías en que tus familiares te quieran lo suficiente como para aceptarte con las cosas que te hacen feliz a ti. Implica una voluntad de hacerle, en alguna manera, dependiente del clan y de tu protección frente a realidades que podrían "no gustarle". Implica una voluntad de colocarse en un plano de alguna forma superior, el plano del protector y guardián de esa falsa armonía familiar. Que está muy bien, pero si te va ese rollo, tienes que rodearte de gente a la que también le vaya. Y asumir que a alguno/a de tus familiares, por mucha sangre que compartáis, puede no apetecerle formar parte de ese tipo de dinámicas. Porque mi impresión es que en algún caso (que, siguiendo la tradición familiar, no mencionaré) la ocultación implica un mensaje de lo que quieres que hagan contigo llegado el momento: en esta familia no se dan disgustos, aquí los desacuerdos se callan. 

Tal debido al peso de estas tradiciones, me impresionó mucho la naturalidad y la serenidad con la que S expresó su malestar el otro día, y la sensación de alivio que supuso en un ambiente laboral en el que los secretos y las ocultaciones eran tan habituales (aunque por motivos diferentes) como en mi familia. Fue como una revelación, la revelación de que "SÍ, SE PUEDE", y además es bueno para todos. Yo lo intenté con el asunto de la puertadoméstico, pero no salió bien de todo. Me pasé de diplomática, ahí no procedía. SS puso la moraleja. ¿Por qué pensamos que ofendemos si le decimos a la gente que hace algo mal? Decirlo solo les da la ocasión de enmendarlo, pedir disculpas o corregirlo para el futuro. Es una muestra de respeto, y si el otro no lo ve así, es su problema. ¡Que se busque una familia para los paños calientes!

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