Expiación: muerte y resurrección
BAJO UNA PEQUEÑA ESTRELLA
(imitando a Wislawa Szymborska)
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| Salvador Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz |
Que me disculpe el remordimiento, si a pesar de mí claudico.
Que no se enoje los recuerdos por rechazar su estela.
Que me olviden los espectadores que acuden al teatro con sus galas de domingo.
Que me disculpe el sol por las ventanas cerradas
en las mañanas de invierno.
Que me disculpe las viejas fotos sin filtros por esconderlas
en los cajones del tiempo.
Perdonadme, habitantes del desierto, por la exuberancia de la primavera.
Perdonadme, soldados vespertinos, por extender la noche y la nieve y el frío.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
Que me disculpen los que sostienen desde la tierra húmeda el tronco
milenario.
Que me disculpen los viejos en los bancos soleados por la juventud
caída en la batalla.
Perdóname, renuncia dolorosa, por abrazar la alegría.
Perdonadme, muertos en vida, por no compatir la copa dolorosa.
Y tú, semilla poderosa, viajero de los siglos, remolino de viento,
manzano floreciente de frutas amarillas,
absuélveme, aunque fueras escarcha y podredumbre.
Que me disculpen los geranios abandonados en el balcón del olvido.
Que me disculpen las grandes pasiones por las pequeñas
alegrías.
Sentido, no me prestes demasiada atención.
Lealtades invisibles, sed magnánimas conmigo.
Soporta, tiburón de futuro, que alimente tu furia.
No me acuses, amor, de ahogarte entre suspiros.
Que me perdonen los anfitriones por no querer sentarme a su mesa.
Que me perdone Dios por no acatar los mandamientos, los cantos,
las meditaciones.
Sé que hay una puerta cerrada y una ventana abierta
desde la que asomarme al abismo.
Poeta, no me tomes a mal que tome prestadas palabras hermosas
y las convierta en sangre y sudor y sal.

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