Hace un año

Hace un año, mientras otras mujeres se manifestaban en la otra punta de la ciudad, yo tenía una cita con un chico. 

Dos días antes, mi amiga X me había contado que estaba empezando una relación con un chico que había conocido en Tinder. Eso me espoleó. Yo llevaba en Tinder casi dos años, y de hecho había tenido que convencerla para que se registrara hacía solo unas semanas, mientras ella ponía excusas de todo tipo. Y de repente, ella conseguía su objetivo en un tiempo récord (todavía siguen juntos), mientras que yo seguía estancada en intenciones que nunca se convertían en acción. 

            Renoir: Dans le jardin.              
Así que el sábado me levanté con una determinación absoluta de cambiar las cosas, actualicé mi perfil y me entregué con fervor a la rueda de matches y descartes. Y entonces, no se sabe si fruto del azar o de la ley de la atracción, uno de mis matches fue a coincidir con el de I, y en poco más de 24 horas teníamos nuestra primera cita. Mi indecisión habitual cedió ante su seguridad y determinación, aunque también (todo hay que decirlo) ante mi convicción de que, si en dos años no había pasado nada, no iba ahora a ser tan fácil, y todo quedaría en una ruptura del hielo que abriría la puerta a citas más prometedoras. 

Para mi sorpresa, me encontré con un chico de sonrisa abierda, mirada chispeante y conversación agradable. Todo fluía. Era fácil y confortable. Quedamos para tapear una noche de esa semana y programamos ir a la ópera el jueves.Y todo seguía siendo fácil y confortable.

Todo fluía. También con J iban bien las cosas. Habíamos asumido nuestras incompatibilidades y alcanzado el punto de amistad más confiado y sincero de nuestra tortuosa relación. 

Pero entonces....

...nos confinaron.

   Bernini: Apollo y Daphne.   

Se canceló la ópera con I, justo la víspera de que el cierre de bares me pillase con J.

Después ya no pudimos tapear, ni pasear siquiera. Solo hablar por teléfono y encontrarnos en las casas. I se reveló sentimental y demandante, de repente la determinación se convertía en urgencia. Me agobió. No, me agobié. No estaba preparada. Tampoco él lo estaba, como después supe. Los dos teníamos cuentas pendientes con otras personas. Yo más conmigo misma. Por mucho que creyera desearlo, todavía tenía esa reticencia atávica hacia la pareja que me negaba a reconocer en mí misma. Y me volví al extremo contrario, al que nunca sería demandante, al que nunca tendría urgencia, al que nunca se quedaría a dormir.  

Era necesario. Tenía tantas cosas que aprender. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Trabajo y empleo

Normal Natural Necesario

Metáfora conceptual y viceversa