Una primavera cualquiera
Muchos años después, una noche de verano en el pueblo, me paró en el medio de un pub. Iba muy borracho y su discurso no era muy coherente. "Sabes, en el instituto yo...". "Sí, lo sé, lo supe entonces..." y le dije la verdad. Se quedó estupefacto, quieto como una estatua y sin parpadear. Estaba en pleno proceso de separación. Supongo que se le pasaron por la cabeza esas ideas contradictorias, los momentos duros del presente y los momentos felices con ella, los niños... Todo lo que, probablemente, pudo no tener, para bien y para mal, si yo no hubiese hecho aquella mi pequeña gran primera renuncia.
En el instituto, en realidad, apenas habíamos llegado a hablar. Hubo al principio algunos cruces de miradas, de esos con los que una no está muy segura de si son realidades o deseos. Porque él era de los guapos, y yo no. Y los normales, en el instituto, sabemos que los guapos son para soñar con ellos, y que cualquier impresión de mirada o insinuación suele ser un espejismo de los sentidos. Suficiente para despertar el interés, pero no para pretender que sea real. Por eso no le dije nada a nadie, aunque convertí al chaval en mi primer "amor-ideal-inalcanzable-no-correspondido" (no, entonces no existía la palabra "crush", qué pasa) secreto.
Pero como suele ocurrir con los guapos oficiales, entre mi grupo de amigas no tardó en aparecer una declarando abiertamente que le gustaba aquel chico. No es que fuésemos íntimas, ni siquiera amigas de largo recorrido, pero en aquella época teníamos una cierta complicidad porque una de esas tardes de confidencias adolescentes entre chicas. Aquella tarde, ella estaba desolada por el desprecio de un chuliboy con el que se enrollaba, y había coinicido conmigo y con una amiga común, que habíamos escuchado sus confidencias y consolado sus lágrimas. Cuando, unos días después, apareció interesándose por "mi" chico, yo seguí callada y pensé "bueno, al menos servirá para que olvide al sinvergüenza aquel".
Y algunos días más tarde, cuando alguien vino a sugerir que el guapo estaba interesado en mí, dije que a mí no me interesaba. Era mentira. Mentira y cobardía. No me atrevía a disgustar a mi amiga. Aunque secretamente, pensé que tal vez más adelante... que ella podría cambiar nuevamente de "objetivo", que él podría manifestar su interés más abiertamente... Nunca se me ocurrió pensar que yo era la responsable de mi vida o que mis acciones debieran ser las que me dieran el control, porque ese tipo de cosas (la iniciativa, la asertividad, la capacidad de decisión...) no se consideraban por aquel entonces algo "a desarrollar", y, si no venían de serie, nadie se preocupaba por cultivarlas.
Así que me callé y no hice nada. Dejé que las cosas siguieran su curso y mi amiga, que fracasada escolar pero con notables capacidades para la acción y la iniciativa, se llevó el gato al agua una tarde de primavera. Yo me limité a encerrarme en la habitación y llorar.
Todo fue para bien. Conmigo no habría llegado a nada, porque pronto me fui a la universidad y nuestras vidas fueron notablemente diferentes. Ellos se casaron jóvenes y tuvieron un número de hijos/as que desconozco. Luego se separaron y supongo que a estas alturas habrán tenido ya otras parejas y tal vez otros hijos. Al final, la pareja que eliges tiene que ser aquella que se adapte a la vida que deseas. Su vida no habría podido ser mi vida y mi vida no habría podido ser su vida. Y hay un número indeterminado de seres que, tal vez, no estarían en este mundo si yo hubiese actuado de otra manera. Tal vez habría otros. O tal vez no. O tal vez todo sería igual pero con un año de retraso.
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