Sinceramente

 Sinceramente, cada vez admiro más a la gente sincera.

El viernes una compañera de trabajo volvió a darme una lección. Era algo que habíamos hablado entre nosotras otras veces, de alianzas extrañas, y yo solía quitarle importancia al papel de uno de los compañeros. Entonces ella, en un momento en que estábamos los tres, simplemente se lo dijo. Con una franqueza descarnada pero también sincera, sin reproches, sin dar ocasión a excusas o justificaciones o negaciones. Solo para decirlo, para que estuviesen las cosas claras. 

Y entonces se produjo el milagro. El milagro del entendimiento, del buen rollo, del cada uno en su estilo pero de frente, con las cartas sobre la mesa. Porque en el fondo no somos tan diferentes, ni tan incomprensibles, ni tan intransigentes. La verdad no es un reproche, es una ocasión, una oportunidad, una puerta que abre paso, desde lo evidente que nos separa a lo sustancial que nos une. Del malentendido al entendimiento. De las suposiciones a las certezas. A la aceptación e incluso a la valoración de las diferencias. 

Ahora somos un equipo. No iguales, porque los iguales no hacen equipo. Complementarios. Con la honestidad de una, la diplomacia de otra y la lucidez analítica y experta del otro. Aprendiendo unos de los otros y aportando valor al conjunto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Trabajo y empleo

Normal Natural Necesario

Metáfora conceptual y viceversa