Mi coche
Todas las cosas se cuidan de sí mismas. Podría cerrar los ojos y este viejo coche se ocuparía de sí mismo. Dean Moriarty. Mi coche necesita un trasplante. Un trasplante de unos 2000 euros. Confieso que me he visto tentada por el impulso de comprar un coche nuevo. En la balanza, mi consumismo y mis conocidos ponían sin cesar pesas de ese lado: “¡No merece la pena gastar en un coche viejo!”. “Ahora están muy baratos”. “Cuando empiezan a dar problemas, es mejor deshacerse de ellos”. Pero hoy lo he vuelto a conducir, después de dos o tres meses, y una sorprendente e inesperada revelación ha desequilibrado esa balanza en otra dirección: yo quiero a mi coche. Mi coche se ha vuelto un gruñón, como su dueña: cuando arranca, o cuando las normas de tráfico le obligan a detener su marcha, ruge, tose y tiembla como un condenado. También es cierto que cuando coge carrerilla, también como la dueña, se sigue defendiendo con la misma alegría y soltura de siempre. Siempre que no reduzca a prime...