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Primer amor

 Dicen que el primer amor nunca se olvida.  Yo me conformaría con superarlo.  Quedarme con todas las cosas buenas que puedo recoger y hacer con ellas la escalera que me lleve al siguiente piso. O simplemente, poder aparcar los silencios, el rechazo, el rencor, y escribir un poema agradecido y jubiloso. El poema de lo que viví. El poema de los grandes descubrimientos.  Del contacto sincero y confiado del principio. De la complicidad, la amistad y el deseo contenido.  De la pasión y la entrega. De la lucha encarnizada contra la esperanza inútil.  De la intimidad y la ternura. De la música, el cine y la conversación despreocupada. Del sueño ilusorio y adolescente. De todo lo que ahora sé que puedo dar y que, tal vez, puesto que yo puedo darlo, pueda un día llegar a merecerlo.  Verdad o mentira, ya da igual. Porque yo lo viví como real, aunque el tiempo desmintiera tantas cosas.

De protagonistas y secundarios

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En los casos de infidelidad , la protagonista exclusiva es, sin ningún género de dudas, la pareja. La pareja es un espejo, la persona que recoge y devuelve tu identidad más intuitiva, inconsciente, irracional y, por ello mismo, más profunda. El tercero en discordia r ara vez se menciona ; es apenas un agente, un accidente, el detonante que pone a prueba a esa pareja o a esas identidades. Así ha pasado, también, en La isla de las tentaciones, donde su papel ha sido, como en la vida real, subsidiario de las parejas protagonistas. Sí, claro, están ahí por dinero, no hay nada real. Pero probablemente tampoco sean muy reales las historias de las parejas, y sin embargo sí se conforma con ellas un discurso creíble, con motivaciones más o menos personales y más o menos coherentes.  Si en el programa la mayoría de las infidelidades fueron detonantes de la ruptura, eso fue por factores bastante concretos: la edad de los participantes, el hecho de que viniesen con crisis bastante profundas, y...

Expiación: muerte y resurrección

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  BAJO UNA PEQUEÑA ESTRELLA (imitando a Wislawa Szymborska) Salvador Dalí: Cristo de San Juan de la Cruz Que me disculpe la claudicación por llamarla remordimiento. Que me disculpe el remordimiento, si a pesar de mí claudico. Que no se enoje los recuerdos por rechazar su estela. Que me olviden los espectadores que acuden al teatro con sus galas de domingo. Que me disculpe el sol por las ventanas cerradas       en las mañanas de invierno. Que me disculpe las viejas fotos sin filtros por esconderlas       en los cajones del tiempo. Perdonadme , habitantes del desierto, por la exuberancia de la primavera. Perdonadme , soldados vespertinos, por extender la noche y la nieve y el frío. Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco Que me disculpen los que sostienen desde la tierra húmeda el tronco       milenario. Que me disculp en los viejos en los bancos soleados por la juventud ...

Una primavera cualquiera

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 Muchos años después, una noche de verano en el pueblo, me paró en el medio de un pub. Iba muy borracho y su discurso no era muy coherente. "Sabes, en el instituto yo...". "Sí, lo sé, lo supe entonces..." y le dije la verdad. Se quedó estupefacto, quieto como una estatua y sin parpadear. Estaba en pleno proceso de separación. Supongo que se le pasaron por la cabeza esas ideas contradictorias, los momentos duros del presente y los momentos felices con ella, los niños... Todo lo que, probablemente, pudo no tener, para bien y para mal, si yo no hubiese hecho aquella mi pequeña gran primera renuncia. En el instituto, en realidad, apenas habíamos llegado a hablar. Hubo al principio algunos cruces de miradas, de esos con los que una no está muy segura de si son realidades o deseos. Porque él era de los guapos, y yo no. Y los normales, en el instituto, sabemos que los guapos son para soñar con ellos, y que cualquier impresión de mirada o insinuación suele ser un espejismo ...

Perfecto desconocido

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 No recuerdo su nombre. Ni su cara. Yo iba demasiado borracha y no coincidimos ni siquiera 24 horas.  Iba tan borracha que no recuerdo nada hasta que ya estábamos en la cama. En algún momento él dijo algo como "yo podría ser un alumno tuyo". No sé por qué, tal vez hablábamos precisamente de hasta qué punto iba inconsciente. El caso es que esa frase actuó como una ducha de agua fría. De repente no me apetecía enrollarme con él, y la borrachera dejó paso a la conciencia... ¡y al malestar estomacal!  El pobre desconocido aguantó el chaparrón mejor de lo que lo hubiera hecho un buen amigo. Aguantó las vomitonas y se quedó al lado de mi cama de 90 centímetros hasta que me dormí. No solo eso, al día siguiente se pasó por casa para comprobar que todo iba bien. Hablamos de poesía, me recomendó a Kavafis y descubrí que preparaba oposiciones a justicia, aunque había estudiado alguna otra carrera que no tenía nada que ver con eso.   Luego escribió un nombre y un número de ...
 El problema del amor es que acaba con todo.  Hace un año tenía las claves. Ninguno de ellos habría podido ser mi pareja, por diferentes motivos. Los dos abrían podido ser mis amigos. Buenos amigos.  Hoy no queda nada. No fui capaz de mantener nada. De un lado, creció el amor, hasta límites que era necesario conocer, pero resquebrajó la confianza. Una pequeña grieta por la que se fueron colando celos, desconfianzas y silencios hasta convertirnos en lo que somos hoy. Ahora todo se va yendo y, curiosamente, añoro más aquella confianza absoluta de los primeros tiempos, aquel decirlo todo, siempre, con las entrañas. Y, sobre todo, aquella calidez de hace un año, aquella amistad que apenas pude vislumbrar porque lo otro, lo destructivo, acabó con todo lo que apenas nacía. Del otro lado, quedó esa tendencia absurda a seguir por inercia lo que se ha empezado , ese miedo irracional a decepcionar, por encima del miedo a la distancia, la incapacidad de aclarar las cosas. El silenc...

Acción, reacción, proacción

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 Últimamente he tenido la ocasión de asistir a varias formaciones sobre gestión de conflictos. El tema me apasiona, y además intuyo que puede llegar a ser una clave para unificar mi desarrollo profesional y personal.  Todos los expertos coinciden en que los conflictos ni pueden ni deben evitarse, porque son una ocasión para el aprendizaje y la mejora de las relaciones. Y eso vale para alumnos y para profesores, dentro y fuera del aula. En ese sentido, la estrategia evitativa, que es a la que mi natural aparentemente pacífico se inclina, es tan agresiva o más que la confrontativa, porque se interpreta como desinterés por la relación. Eso es lo que descubres cuando percibes que alguien que realmente te importa la utiliza. En un primer momento solo notas que te irritas especialmente, desproporcionadamente. Es lo que los psicólogos explican cuando afirman que lo que te irrita en los otros es algo que también está en ti, y que la sabiduría popular expresaba con una metáfora muy vis...